Es evidente que tras el paso de los años, la buena convivencia, los principios, valores y costumbres que permitieron el buen funcionamiento de las sociedades, han ido sucumbiendo. Esto ante las emergentes políticas de convivencia de la postmodernidad, que como epidemias infecciosas y virales, van intoxicando las sociedades del mundo, que hoy convulsa y comienza a dar síntomas de mortandad. Lo más trágico de todo, es que estas epidemias producen un efecto embriagante que inhibe los sentidos y la razón de los más sabios, al punto de convertirlos en necios, aún dentro de la Iglesia. Son como ríos irrefrenables que al acumular las incesantes lluvias, se llevan todo lo que encuentran a su paso con la fuerza de sus corrientes. De esto nos advirtió el apóstol Pablo diciendo: «Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según las normas de esta época, hágase ignorante para así llegar a ser sabio. Porque a los ojos de Dios la sabiduría de este mundo es locura. Como está escrito: «Él atrapa a los sabios en su propia astucia»; y también dice: «El Señor conoce los pensamientos de los sabios y sabe que son absurdos.»». (1 Corintios 3:18-20).
Pero como dice el libro de Proverbios: «El ingenuo cree todo lo que le dicen; el prudente se fija por dónde va. El sabio teme al Señor y se aparta del mal, pero el necio es arrogante y se pasa de confiado». (Proverbios 14:15-16). Ciertamente entre muchos gobernantes y poderosos ya no hay temor de Dios, y procuran que sus súbditos tampoco teman a Dios, para poder manipularlos en el cumplimiento de sus agendas personales. Por eso, encontramos que en todos aquellos que se rebelan contra Dios, se cumple lo que también dijo el apóstol Pablo en la carta a los Romanos: «A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles. Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén. Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que incluso aprueban a quienes las practican». (Romanos 1: 21-32)
«La postmodernidad nos ha venido legando el derrumbe de todos los sistemas filosóficos, políticos, morales y religiosos que han servido de baluarte durante la época moderna, (desde el Renacimiento del siglo XVI, hasta la década de los ochenta en el siglo XX). Ha producido la pérdida de horizontes y referentes en todos los órdenes de la vida. La desorientación en cuanto a todo, favorece un vacío existencial, que a su vez y por reacción provoca cuatro características principales de la sociedad postmoderna: hedonismo (el placer por el placer), individualismo (yo me basto), narcisismo (yo soy el centro del mundo) y relativismo (todo vale, no hay verdades absolutas). En el ámbito religioso se produce una extraña simbiosis, por un lado la secularización lo impregna todo, pero a la vez la sociedad postmoderna carente de ilusiones y esperanza, necesita nuevos ídolos e ideologías que no tengan nada que ver con las religiones y creencias tradicionales. De esta manera y paradójicamente, a la secularización tradicional, le precede por un lado, la sacralización de eventos socioculturales, y por otro el auge de movimientos filosófico religiosos de raíz oriental. La apatía social y la negación de las creencias tradicionales y del cristianismo histórico, deja un hueco que revela su importancia, pero que exige nuevas formas de culto. De esta manera nacen las modernas religiones de la música, el culto al cuerpo o el deporte. El Doctor Antonio Cruz, hablando de la música rock, dice: «Se caracteriza por el elevado grado de ritualismo que se origina en sus conciertos. En algunos momentos de estas actuaciones, el ceremonial, buscado y deseado tanto por los músicos como por los espectadores, llega a ser casi religioso… Los conciertos de rock son los cultos grupales de la postmodernidad en los que se sacralizan las propias relaciones sociales.»».
Pero, ¿qué nos dice la Palabra de Dios? «El temor del Señor es el principio del conocimiento: Los necios desprecian la sabiduría y la disciplina». (Proverbios 1:7). «El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos…». (Salmos 111:10). Así que como cristianos, debemos resistir el torrente provocado por las fuertes lluvias y mantenernos nadando en contra de esa corriente, y avanzando por los caminos más angostos y difíciles. Porque aunque a nadie le gusta avanzar a través de ellos, son los más seguros y nos garantizan que nuestro esfuerzo valdrá la pena, cuando hayamos llegado a la menta y disfrutemos de la dulce victoria que permanecerá para siempre, nuestra salvación. Así lo planteó Jesús en el relato del evangelio de Mateo diciendo: «Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida y son pocos los que la encuentran». (Mateo 7:13-14). En su carta a los Romanos, el apóstol Pablo también nos exhorta «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta». (Romanos 12:2). También el apóstol Pedro nos advierte «Por eso dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «Sean santos, por que yo soy Santo»». (1 Pedro 13-16). Por lo tanto, si vivimos centrados en la voluntad de Dios, podremos avanzar en medio del caos que nos asedia, disfrutando el paisaje y confiados en que Dios nos guiará y nos ayudará a llegar hasta la menta. Somos el cuerpo de Cristo y Él es la cabeza, por eso dijo a sus discípulos «Yo les he dicho estas cosas para en en mí hallen paz. En el mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo». (Juan 16:33).
Eduardo Figueroa Aponte

La fe cristiana no puede ser juzgada, criticada o invalidada por las interpretaciones teológicas que hacen los hombres, pues es mucho más que eso. La fe cristiana nació del evento histórico más trascendental de toda la historia de la humanidad hasta hoy, y fue profetizado muchos siglos antes de tener su cumplimiento, (La Muerte y Resurrección de Nuestro Salvador Jesucristo), que dividió la historia en antes y después de Él. La Biblia es clara y sencilla en su mensaje de Salvación. Pero todo aquel que no cree, se rehúsa a aceptar lo que Dios estableció como pecado (conducta adictiva que esclaviza y tiene consecuencias auto-destructivas de las que Dios siempre nos ha querido librar por amor a nosotros) usan toda clase de pretextos para justificar su pecado y seguir pecando deliberadamente, ignorando el grito de sus conciencias, que sin quererlo ellos, siempre les advierte de malas decisiones y sus consecuencias. Hablo por experiencia propia, pues aunque siempre creí, el pecado me mantuvo ciego.