Si Dios te ha elegido, no huyas…

si-dios-te-ha-elegido-no-huyasEn la historia de Dios, los profetas siempre han jugado un papel protagónico. Y es que por medio de ellos, se propuso revelar a su pueblo los acontecimientos que han de tener lugar en el futuro inmediato, cercano o lejano. Estas revelaciones pueden ser motivadas por varias razones: la apostasía y un llamado al arrepentimiento; anuncio de condenación a los enemigos de Dios; el anuncio del cumplimiento de lo que Él había advertido que acontecerá a los desobedientes; y el cumplimiento de las bendiciones que han de manifestarse por causa de sus promesas. Sin embargo, el ministerio de los profetas del Antiguo Testamento nunca fue tarea fácil.  El contexto histórico bajo el cual se desarrollaron estos ministerios, era uno lleno de peligros, especialmente por el riesgo de perder la vida, mientras se estaba cumpliendo con un mandato (voluntad) de Dios. Para esto, había que tener agallas, y sobre todo amar a Dios de todo corazón, que implica (obediencia). No obstante, aunque realmente amemos a Dios de todo corazón y seamos obedientes, nuestra humanidad nos traiciona y terminamos en desobediencia, especialmente cuando tenemos miedo, o porque lo que Dios quiere que hagamos no se parece a lo que realmente quisiéramos hacer.

Tal fue el caso del profeta Jonás, a quien Dios escogió para llevar su mensaje de condenación, contra la maldad del rey de Asiria, quien había levantado su voz con blasfemia y vituperio contra Jehová y se atrevió a tomar las ciudades fortificadas de Judá. Jonás no vio con buenos ojos esta encomienda, pues sabía que mensaje podía provocar el arrepentimiento de los habitantes de Nínive y que Dios los perdonara.  Y es que el más grande deseo de Jonás era que ellos fueran destruidos a causa de su maldad. Las motivaciones de Jonás estaban enraizadas en el legalismo religioso que caracterizaba a los judíos, que no les permitía entender el amor y la misericordia de Dios para con todos (sus adversarios), cuando ellos mismos en muchas ocasiones fueron perdonados por su rebeldía y maldad. Por eso tampoco entendieron que la misericordia de Dios se hizo manifiesta y extensiva al mundo, en la salvación consumada por Jesucristo, tras su sacrificio en la cruz del Calvario. Además de darle la oportunidad a los habitantes de Nínive de arrepentirse, Dios estaba confrontando al profeta con su talón de Aquiles.

El libro del profeta Jonás, no es otra cosa que la manifestación de la misericordia de Dios. Comienza ordenando al profeta que pregone la condenación que vendría sobre los habitantes de Nínive por su maldad, pero debemos entender que, cuando Dios anuncia condenación por medio de los profetas, siempre está ofreciendo una oportunidad para el arrepentimiento. Es por eso que Jonás decidió desobedecer el mandato, puesto que conociendo el “modus operandi” de Dios, prefirió no ser partícipe de la benevolencia de Jehová con los ninivitas, y decidió “huir” de su presencia. Bien debió saber Jonás que no hay forma de huir de la presencia de Dios, pero al parecer, su sed de venganza y su coraje contra los ninivitas era tal, que antes de ser canal de bendición, prefería la muerte y tal vez por eso decidió desobedecer. Y como Dios respeta nuestras decisiones, le dio espacio para que lidiara con su rabieta y se enfrentara las consecuencias de ella.

Según vemos en Jonás, el rencor es un sentimiento que alimenta la soberbia, disminuye nuestro discernimiento espiritual y nos aleja de la voluntad de Dios. A su vez, esto nos lleva a tomar decisiones motivadas por razones incorrectas que acarrean consecuencias nefastas. Entonces, al igual que el profeta, cuando nos encontramos en un callejón sin salida y presos de nuestras rebeliones, decidimos clamar a Dios e implorar por su misericordia, la misma que no queremos ejercitar con nuestros semejantes. Sin embargo, en medio de nuestro merecido infortunio, Dios atiende nuestro clamor y se apresta a salvarnos y liberarnos, como resultado de su gran amor. Sólo así aprendemos la obediencia a la voluntad de Dios, y terminamos haciendo aquello que Él nos ha encomendado. No obstante, aun cuando hemos decidido someternos a su voluntad, al igual que Jonás, muchas veces terminamos contendiendo con Dios porque hace lo que quiere, y no lo que nosotros queremos. Pero es que no acabamos de entender que los designios de Dios son perfectos y que Él obrará conforme a su propósito y para su gloria. Por eso, como Jonás, somos insertados por Dios en un escenario que nos confrontará una vez más con nuestro talón de Aquiles, para que trabajemos con él y no sea obstáculo al propósito de Dios.  Después de todo, ser elegido por Dios para que ejecutemos sus planes, es un privilegio, y sólo puede acarrear bendición.

A groso modo, hemos analizado la historia que comprende el libro de Jonás. Pero dedicaré las siguientes líneas al estudio detallado de los diez versículos que comprenden el capítulo tres. Es en este capítulo, donde luego de haber sido vomitado por el gran pez que Dios preparó para Jonás, éste decidió ir a proclamar el mensaje que Dios le dio, mediante el cual los ninivitas se arrepintieron y Dios se retractó de hacerles el mal que había dicho que les haría, porque los perdonó. Para estos efectos, estaremos utilizando la versión Reina Valera (RVR60) de la Biblia.

Los primeros dos versículos dicen así: “1 Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré”. Esta es la segunda ocasión que Jonás recibe el mandato, puesto que la primera vez él decidió desobedecer y “huir” de la presencia de Jehová. Es curioso que el relato no da detalles del mensaje que Jonás debía proclamar y da a entender que en el momento preciso, Dios iba a darle a conocer su mensaje. Podríamos inferir que Dios sabía que si Jonás llegaba a conocer el mensaje desde ese momento, podía prejuiciarse y arrepentirse de llevar acabo la voluntad de Dios. Y es que según Walton, Matthews y Chavalas (2004), “el viaje desde Jope (donde creemos que el pez dejó a Jonás) hasta Nínive era de unos 935 km. Por lo general, las caravanas viajaban entre 35 y 40 km por día para completar el viaje en aproximadamente un mes” (Walton, 2004, p. 888). Como humanos, somos muy propensos a repetir nuestros errores, pues el deseo de nuestra carne siempre estará contra el espíritu y viceversa, para que no hagamos lo que queremos, según Gálatas 5:17. Jamieson, Fausset y Brown (2003), Dios no le dio el mensaje en esta ocasión, porque “esto es para mostrar cuán libremente se da a sí mismo, en el espíritu de la obediencia incondicional, para hablar todo lo que a Dios plazca” (Jamieson, Fausset, & Brown, 2003, pp. 1,032). El caso es que esta vez, Jonás decidió obedecer.

Continúa el versículo tres diciendo: “Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino”. Algunos afirman, que “Jonás predicó en Nínive a la fuerza” (La Casa de la Biblia, 1997, p. 344). Sin embargo, su oración o cántico de gratitud a Dios, desde el vientre del gran pez por su salvación, infiere un cambio de actitud por su arrepentimiento. Los tres días de camino que le tomaría a Jonás recorrer la ciudad con su mensaje, debió incluir todos los lugares públicos de la ciudad, gran parte de las doce zonas de puertas y las zonas del templo, en las mejores horas para hacer anuncios importantes (Walton, 2004, p. 888). Es interesante el planteamiento suspicaz de Schokel (1980), al expresar que “surge un paralelismo: los tres días o jornadas de recorrido a pie con los tres días en el monstruo. ¿Tiene la ciudad algo de monstruosa, capaz de devorar al profeta?, ¿O sólo parece el ser grande (el adjetivo favorito del libro)? (Schokel & Sicre Díaz, 1980, p. 65). Y es que a Nínive se le ha conocido como una ciudad espeluznante, principalmente por sus crueldad y opresión.

Sigue el relato en el versículo 4 al decir: “Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida.” Vale la pena hacer un paréntesis aquí para contrastar el versículo anterior, que afirma que se necesitaban tres días para recorrer Nínive, a diferencia de éste, que establece que Jonás predicó camino de un día. Y es que según Wenham, Motyer, Carson y France (2003), en Nínive “se necesitaban tres días para que un forastero hiciera una visita apropiada”, ésta visita incluiría cierta burocracia aplicada a embajadores y visitantes reales, que en el caso de Jonás se gestionó sólo la parte del primer día del programa como embajador, pues los profetas representaban a un dios, y disfrutaban de cierta inmunidad diplomática (Wenham, Motyer, Carson, & France, 2003, pp. 1,831).

Así que según lo antes expresado, debemos entender que los tres días mencionados implicaban los procesos burocráticos de las visitas oficiales, y no que la ciudad tuviera tal extensión territorial que tomara tres días de camino. Pero en cuanto al mensaje que pregonó Jonás, es curioso que en el relato no se registre el momento en que Dios le reveló tal mensaje al profeta. Pero no es menos curioso que el cumplimiento de su profecía debía tener lugar en cuarenta días. Según Henry (1999) “Cuarenta días es mucho tiempo para que el justo Dios demore juicios, pero es poco para que un pueblo impío se arrepienta y se reforme (Henry, 1999, p. 710).

Pero hace mucho sentido la interpretación de Schokel al decir que “La última palabra del mensaje, “arrasada” o destruida, despierta un eco conocido en el término con que los profetas se refieren a Sodoma y Gomorra, y los recuerdos inducen al sentido de catástrofe, mientras Jonás resulta un poco como Abrahán; ¿Habrá escapatoria? ¿Habrá cincuenta justos?…” (Schokel & Sicre Díaz, 1980, p. 66). Así que bien pudiera ser ésta la razón por la cual los ninivitas creyeron a Dios y se arrepintieron, como vemos en el versículo cinco que dice: “Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos”. Ciertamente debieron estar consientes de lo que afirma Schokel, además de la experiencia que vivieron cuando acamparon en contra del rey Ezequías en Jerusalén, en la que fueron heridos de muerte miles de soldados asirios por el ángel de Jehová, por lo que el restante de ellos se volvieron a Nínive junto a su rey Senaquerib. También se dice que los asirios habían experimentado circunstancias terribles que pudieron haber influido en su arrepentimiento, a saber: “la invasión por un enemigo, un eclipse total de sol; hambruna y una epidemia; y una inundación grave” (Wenham, Motyer, Carson, & France, 2003, pp. 1,832). Así que según esto debían estar algo sensibles y a la vez temerosos de volver a sufrir, o más bien desaparecer.

Así que tal amenaza proveniente del Dios de Israel debió sacudir al rey de Nínive, para provocar lo que quedó registrado en el los versículos del seis al ocho, que dice: “Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?”. Es interesante la reacción del rey al recibir la noticia, pues estaba muy consciente de la maldad y la violencia que dominaban su ciudad, y aunque el mensaje nunca denunció cosa alguna por el cual vendría la destrucción, ciertamente debían estar conscientes de su injusta manera de vivir.

Seguramente, era la primera vez que un Dios, les enviaba una sentencia de muerte y decidieron humillarse delante de Él, auscultando la posibilidad de apaciguar la ira del Dios de Israel. Y la mejor forma de hacerlo, era la que conocían como parte de las costumbres de los pueblos de la época. Por lo tanto, esto representa un verdadero acto de arrepentimiento y acto de fe, pues decidieron abandonar sus malas prácticas y apartarse de sus malos caminos, sometiendo hasta a los animales a la humillación, aun cuando no tenían base o fundamento alguno que les motivara a esto (Jamieson, Fausset, & Brown, 2003, pp. 1,033). Seguramente esta experiencia servía de enseñanza, como sugiere Young (1977), cuando dice que “la misión de Jonás sirve para hacerles ver a los Israelitas el hecho de que la salvación de Jehová no era exclusiva para una nación. Israel era el siervo que había de llevar el conocimiento de Jehová al mundo” (Young, 1997, p. 282).

Por eso encontramos en el versículo diez un revés a los deseos de Jonás, al registrar que los ninivitas son perdonados por Dios cuando dice: “10 Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”. Éste fue el desenlace que tanto temió Jonás que fuera el resultado de su predicación, pues el esperaba que Nínive fuera condenada. Pero aquí se hace realidad el planteamiento del salmista cuando dijo: “al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:17). Y es que como dice Drane (2004), el mensaje sería un correctivo del exclusivismo de muchos judíos, que al igual que Jonás, estaban dispuestos a distanciarse con tal de no compartir su fe con otros, prefiriendo la destrucción de los no judíos antes que el arrepentimiento que le proporcionara la bendición divina (Drane, 2004, p. 205).

Pese a la respuesta de los ninivitas, no debe tomarse por hecho que ellos hayan cambiado sus dioses. Esto afirman Walton, Matthews y Cavalas, al decir que “los ninivitas no se deshicieron de sus ídolos, ni mostraron gran inclinación a reemplazar a sus dioses por el Yahvé de Israel. Reconocer el poder de un determinado dios no era igual a aceptarlo como su dios único y exclusivo” (Walton, 2004, p. 889). Pero Jamieson, Fausset y Bronw afirman que “el que Dios salvara a Nínive, con las primeras señales de su arrepentimiento, alienta al penitente tímido, y enseña de antemano que la sentencia de Israel, efectuada poco después ha de atribuirse, no a la falta de voluntad para perdonar de parte de Dios, sino a la propia obstinada impenitencia de ellos”. (Jamieson, Fausset, & Brown, 2003, p. 1034). Schokel concuerda con ellos pero añade un argumento interesante al decir que Dios puede cambiar si el hombre cambia, lo que se dice de Israel vale también para los paganos (Schokel & Sicre Díaz, 1980, p. 361). Ciertamente el perdón de Dios para los ninivitas envuelve una enseñanza formidable de la misericordia de Dios, ratificada en el capítulo final, en el que Dios le recrimina a Jonás su actitud.

Ya hemos considerado cada uno de los versículos del capítulo tres del libro de Jonás. Recapitulando en los hallazgos de nuestra investigación:

  • Vimos que Jonás, habiendo experimentado una situación traumática que casi le cuesta la vida, entiende que no es posible huir de Dios, y arrepentido, en esta ocasión prefiere ser obediente a su voluntad. Y esto, sin haber recibido el mensaje que debía llevar, pues Dios se lo haría saber en algún momento.
  • A Jonás le esperaba un largo camino, y debía estar dispuesto a obedecer, cualquiera que fuera el mensaje. De haberlo conocido de antemano, tal vez corría el riesgo de prejuiciarse y volver a tomar una decisión equivocada, guiada por sus sentimientos y no conforme al propósito de Dios.
  • Se considera que existe cierto paralelismo entre la descripción de la ciudad y los tres días de camino, con su anterior experiencia en el vientre del gran pez.
  • En cuanto al mensaje, resalta la intencionalidad del plazo de cuarenta días para el cumplimiento de la profecía, que a todas luces grita la misericordia de Dios en la oportunidad para arrepentirse.
  • La pronta respuesta de los ninivitas es relacionada con el resultado de la afrenta sufrida por el ejército asirio cuando se levantó con arrogancia ante Judá, además de varias experiencias traumáticas que como ciudad habían vivido.
  • La penitencia de ayuno de hombres y animales, y el vestirse de cilicio y ceniza, revela la forma en que se humillaban los pueblos antiguos, buscando el favor de sus dioses. En este caso, ante la amenaza del Dios de Israel, esperaban tener una oportunidad dentro del plazo establecido.
  • Dios los perdonó y no fueron destruidos, lo que sirve de moraleja al pueblo de Dios, que creían tener un Dios exclusivo que sólo los debía salvar a ellos, pero el deber de ellos como pueblo era dar a conocer al Dios que salva a las naciones.

El mensaje del capítulo tres del libro de Jonás, nos confronta con nuestra naturaleza humana, que tiende a rehusarse a la voluntad de Dios, porque con regularidad no se parece a lo que nosotros queremos o esperamos. La realidad es que cuando esa naturaleza nos domina, estamos teniendo serios problemas en nuestra relación con Dios. La mayoría de las veces que esto pasa, es que no hemos decidido negarnos a nosotros mismos, postrando todo lo que somos y lo que tenemos a los pies de la cruz, para que Él nos dirija, trace nuestro camino y haga cumplir su propósito en nosotros. Por eso, Dios permite que nos rodeen las tempestades en las que decidimos navegar, porque la furia de ellas nos recuerdan que sin Él nada somos, y que en Él hay plenitud de gozo y delicias a su diestra para siempre.

Muchas veces nos sentamos a esperar que Dios nos de todos los detalles de lo que será nuestro caminar en Él, cuando la mayoría del tiempo no nos conviene saberlo. Sin saber los detalles somos expertos poniéndole trabas a Dios en el plan que a diseñado para nosotros, imagínense si llegamos a saberlo todo… Lo ideal es renunciar al yo, y ponernos en las manos de Dios para que nos use como Él quiera. No son pocas las veces que Dios nos envía a lugares a los que no queremos ir, o a personas con las que no quisiéramos tratar. Pero lo hace para que derrotemos los límites que con frecuencia ponemos en nuestras mentes y corazones, que son piedras de tropiezo en la transformación que Él quiere hacer en nosotros y en el plan de trabajo donde nos quiere insertar. Nada puede hacer a los hombres más felices que vivir en el centro de la voluntad de Dios. Pero esto implica el abandonar nuestros viejos prejuicios y estar dispuestos a trabajar con las nuevas herramientas que Dios quiere poner a nuestra disposición. Él quiere depositar el vino nuevo en odres nuevos. Fuimos llamados para ser instrumentos y servir al plan de Dios, no a servirnos conforme al nuestro. Dios está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, aquellos que no sean piedras de tropiezo y sí instrumentos de bendición.

Eduardo Figueroa Aponte

Referencias

Drane, J. (2004). Introducción al Antiguo Testamento. Barcelona, España:           Editorial Clie.

Henry, M. (1999). Comentario Bíblico de Matthew Henry . Terrassa, Barcelona: Editorial CLIE.

Jamieson, R., Fausset, A. R., & Brown, D. (2003). Comentario Exegético Explicativo de la Biblia Tomo I: El Antiguo Testamento. El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones.

La Casa de la Biblia. (1997). Comentario al Antiguo Testamento II. Navarra, España: Editorial La Casa de la Biblia.

Schokel, A., & Sicre Díaz, J. L. (1980). Profetas II; Ezequiel * Doce Profetas Menores * Daniel * Baruc * Carta de Jeremías. Madrid, España: Ediciones Cristiandad.

Walton, M. C. (2004). Comentario del Contexto Cultural de la Biblia Antiguo Testamento. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Wenham, Motyer, Carson, & France. (2003). Nuevo Comentario Bíblico Siglo Veintiuno. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Young, E. J. (1997). Una Introducción al Antiguo Testamento. Grand Rapids, Michigan: Editorial Wm B. Eerdmans Publishing Co.

 

¿Fundamentalistas? Sí, todos lo somos…

Adobe SparkSí, así nos llaman ahora de forma clichosa, «fundamentalistas». Resulta que, en la actualidad, los cristianos somos los intérpretes ilusorios de un libro llamado la Biblia, lleno de «fábulas y metáforas que fomentan una cultura de carácter patriarcal, homofóbica, egoísta, discriminatoria y criminal», somos los responsables de las desgracias y tragedias del mundo, y vivimos enajenados de la realidad y en el fanatismo religioso. Esa es la definición que algunos grupos y organizaciones postmodernas le han dado a la cristiandad; nada más lejos de la realidad. Ninguna fábula o metáfora de interpretación ilusoria a logrado abarcar todos los confines de la tierra con su escritura, y ningún otra obra escritural ha llegado a ser la más traducida, impresa y vendida, ni ha transformado a millones de personas como lo ha hecho la Biblia, porque en sus páginas encontramos la poderosa y verdadera Palabra de Dios, compilada durante muchos siglos de historia. El Diccionario de la Real Academia Española registra las definiciones que por el uso ha ganado este concepto de «fundamentalismo» diciendo: «Movimiento religioso y político de masas que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica a la vida social; Creencia religiosa basada en una interpretación literal de la Biblia, surgida en Norteamérica en coincidencia con la Primera Guerra Mundial; Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida.» Partiendo de esta definición, si se trata de una exigencia intransigente de sometimiento, entonces muchos de esos grupos y organizaciones también pecan de ser fundamentalistas, de hecho, todos lo somos. Entonces, «¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que tienes en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la astilla del ojo, cuando tú mismo no te das cuenta de la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.» (Lucas 6:41-42). Una sociedad sin fundamentos ni leyes o reglas para la sana convivencia, no sería una sociedad sino, un caos. Todo en la vida tiene un principio, una base o un fundamento o cimiento, sobre el que se construye toda buena obra. Sin un fundamento, difícilmente habrá alguna estructura que se pueda mantener en pie o derecha. Tal fue la ilustración que Jesús usó con sus discípulos diciendo: «Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó y el desastre fue terrible.» (Lucas 6:47-49).  Moisés dijo: «Él es la roca, sus obras son perfectas, y todos sus caminos son justos. Dios es fiel; no practica la injusticia. Él es recto y justo. Actuaron contra él de manera corrupta; para vergüenza de ellos, ya no son sus hijos; ¡son una generación torcida y perversa! ¿Y así le pagas al Señor pueblo tonto y necio? ¿Acaso no es tu Padre, tu Creador, el que te hizo y te formó?» (Deuteronomio 32:4-6). Por eso muchas naciones han tenido a bien fundamentar sus estructuras gubernamentales en la Palabra de Dios, la Biblia, fuente inagotable de principios y valores que garantizan el bienestar de las naciones.

El fundamento de la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) está revelado en la Biblia, la cual registra los testimonios del pueblo que Dios escogió, Israel, para darse a conocer al mundo y anunciar el nacimiento de un Salvador (nuestra Roca) que pagaría el precio por nuestros pecados para darnos vida eterna, Jesucristo. Y esta verdad no es una interpretación ilusoria o ingenua de la Iglesia, pues la Iglesia tuvo su origen en Israel y se ha expandido sobre toda la tierra tal y como predijo Jesús: «Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.» (Mateo 24:14). Al día de hoy, la veracidad de la Biblia ha sido confirmada y está siendo reconfirmada constantemente por los historiadores y la ciencia, a través de los descubrimientos geológicos, arqueológicos y de la NASA, que validan cada vez más las historias milenarias registradas en ella. Así que más allá de un «fundamentalismo religioso», la Iglesia y su interpretación literal de la Biblia está tomando más fuerza que nunca antes, aunque el mundo quiera o no creer en ella. Además, cual reloj suizo, estamos viendo el cumplimiento de acontecimientos mundiales que están profetizados en la Biblia como señales de los últimos tiempos. Muchos rechazan o repudian las verdades de esta Escritura Sagrada porque, aunque en su interior creen que Dios existe, prefieren despilfarrar su vida en los efímeros placeres de la carne y el mundo. Así evitan asumir alguna responsabilidad que les prive de los deseos insaciables del pecado, que a sabiendas o sin saber les llevan a la autodestrucción y les convierte en enemigos de Dios, tal y como dice la carta de Santiago: «¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.» (Santiago 4:4). Pues bien, no se han ensañado contra la Iglesia sino contra Dios, tal y como dijo Jesús: «El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió.» (Lucas 10:16). ¿Eso quieren, ser enemigos de Dios? ¡Pues adelante¡ Nadie los detiene.  Pero el fin se acerca, y hoy Dios les da la oportunidad de arrepentirse y volverse a Él para que sean salvos, queda poco tiempo.

No obstante, la encomienda de Dios para la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) es proclamar lo que Dios ha dicho, aunque a la gente no le guste ni le interese, pues Jesús dijo: «…Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:18-20). El apóstol Pablo reiteró esta encomienda a uno de sus ayudantes diciendo: «En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por lo contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio.» (2 Timoteo 4:1-5). Además dijo Jesús: «…Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.» (Marcos 16:15-16). Y esto es lo que hacemos, obedecer a nuestro Líder, Maestro, Salvador y Dios, no actuamos por meras interpretaciones «fundamentalistas». Aunque todos estos preceptos sean para nosotros los que formamos la Iglesia, a todos los que están fuera de ella les mortifica escucharlos porque: «Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.» (Hebreos 4:12).

Así que la Palabra de Dios convence a los seres humanos de su pecado y por eso muchos no la quieren escuchar. Así que todo el que haya escuchado el mensaje del evangelio y crea pero no obedezca, o no crea, no tendrá excusa cuando Dios lo lleve a su presencia para ser juzgado. Hay sectores de la Iglesia que deberían reconocer que a través de la historia, sus antepasados y algunos que, por falta de herramientas y conocimiento o humildad perpetúan los errores del pasado al día de hoy, fracasaron y fracasan en el manejo de ciertos asuntos dogmáticos y doctrinales que deben ser revisados y corregidos a la luz del conocimiento y las nuevas herramientas de interpretación bíblica que hoy tenemos. La Biblia es clara y precisa en dichos asuntos, pero el fracaso está en que algunos se rehúsan a adquirir un mayor conocimiento y entendimiento de las Sagradas Escrituras, pues tienen una falsa percepción de que niegan su fe al considerar nuevos postulados que ponen en entredicho lo que aprendieron y han enseñado por mucho tiempo. El orgullo y la falta de humildad no les permite aceptar que se han equivocado.  Pero es de humanos errar hermanos, no sean estorbo y tropiezo para lo que Dios quiere hacer en este tiempo. La carta de Santiago dice: «Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes. Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.» (Santiago 4:6-10).

No obstante la gran mayoría del (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) la Iglesia de este tiempo, cuenta con una generación mucho más madura espiritualmente, y muy bien documentada por sus estudios académicos formales en teología y Biblia, para manejar con mucha responsabilidad y sabiduría todos los asuntos dogmáticos y doctrinales de la Iglesia, siempre buscando ser dirigidos por el Espíritu Santo de Dios. Ésta generación ha reconocido que la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) ha errado en algunos de esos aspectos, y hoy procura no caer en los mismos errores del pasado, para que la Iglesia sea pertinente en su contexto históricosocial. Pues aunque la proclamación del evangelio ha ganado muchas almas para Cristo (esto por obra del Espíritu Santo y no de los hombres), las duras exigencias dogmáticas que la Iglesia impuso a sus miembros en algunos sectores, terminaron siendo piedra de tropiezo. Y es que muchos de los dogmas que estas iglesias impusieron en la antigüedad, buscaban resolver ciertos conflictos y cumplieron su propósito en su tiempo. Pero al día de hoy, esas dogmáticas no resuelven nada y causan muchos conflictos que terminan confundiendo y apartando a la gente de la Iglesia. Pero la falta de humildad de algunos les lleva a seguir promoviéndolas. La Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) es un organismo vivo que debe evolucionar y adaptarse a los tiempos, para ser más efectiva y pertinente en la proclamación del mensaje del evangelio, esto sin cambiar la centralidad de su mensaje, debe estar siempre lista y ávida para transicionar, y así mantenerse viva y creciendo.

Claro, hay que hacerlo con mucho cuidado y discernimiento del Espíritu Santo, pues hay una línea muy fina y peligrosa en ese asunto de evolucionar y transicionar, pero no por eso vamos a estancarnos en el proceso y debemos procurar que nuestra predicación de la Palabra de Dios permanezca intachable. Pues muchos en medio de la transición han cruzado esa línea y han terminado negando su fe y convirtiéndose en el cumplimiento profético de las palabras de Jesús cuando dijo: «Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los cardos? Del mismo modo, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán.» (Mateo 7:15-20). Éstos son los que hacen que paguemos los justos por pecadores. El apóstol Pedro también habló de ellos cuando dijo: «En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.» (2 Pedro 2:1-3).

¿No es esto lo que estamos viendo con mucha frecuencia en este tiempo? La humanidad juzga y penaliza a toda la Iglesia por los actos vergonzosos de estos falsos profetas que tienen mucha exposición, y hacen toda una propaganda mediática para menoscabar el testimonio de la Iglesia. A que no hacen lo mismo reconociendo la inmensa labor misionera, humanitaria y social que ella ha aportado por siglos a las naciones. Para todos ellos, así ha dicho Jehová de los ejércitos: «¡Ay de los que arrastran iniquidad con cuerdas de mentira, y el pecado con sogas de carreta! Dicen: ¡Que Dios se apresure, que apresure su obra para que la veamos; que se acerque y se cumpla el plan del Santo de Israel, para que lo conozcamos! !Ay de los que llaman a lo malo bueno y lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! ¡Ay de los que se consideran sabios, de los que se creen inteligentes! ¡Ay de los valientes para beber vino, de los valentones que mezclan bebidas embriagantes, de los que por soborno absuelven al culpable y le niegan sus derechos al indefenso¡ Por eso así como las lenguas de fuego devoran la paja y el pasto seco se consume en las llamas, su raíz se pudrirá y, como polvo, se disipará su flor. Porque han rechazado la ley del Señor Todo Poderoso y han desdeñado la palabra del Santo de Israel.» (Isaías 5:18-25).

Aquí entra en función el mal social que nos caracteriza, de siempre resaltar y perpetuar los errores del pasado de otros, y obviar los procesos evolutivos con todas las buenas obras y beneficios significativos que estos han aportado a la sociedad posteriormente. Así pasa cuando algunos quieren abrirse paso con agendas ocultas e imponerse, pues la mejor manera de hacerlo es, sacando al sol todos los trapos sucios de los otros y exhibirse como víctimas. Luchan por sus «derechos» pretendiendo quitarle los derechos a otros, violan las leyes pretendiendo establecer otras que supriman las establecidas y someter a otros con ellas, exigen tolerancia siendo intolerantes, exigen respeto mientras se burlan y ridiculizan faltando el respeto, exigen que no se les discrimine pero ellos sí pueden discriminar, denuncian que son perseguidos mientras ellos son perseguidores, acusan a muchos de fundamentalistas cuando ellos son los primeros, etc. Pero como dijo Jesús, el árbol se conoce por su fruto. El ladrón juzga por su condición. No hay un acercamiento sincero de aquellos que buscan su lugar en la sociedad para discutir ideas con respeto y buscar soluciones para el bienestar de todos. Imperan los acuerdos entre particulares, y a puertas cerradas, para infiltrar e imponer a la fuerza los caprichos de algunos que pretenden afectar las masas de forma indiscriminada con la imposición de sus absurdos. Tal es el caso de la ley aprobada para autorizar a los individuos «transgéneros» al uso del baño donde mejor entiendan que les define. Géneros humanos sólo hay dos, hombre y mujer, y lo que los define es su sexo físico y no su sexualidad mental. ¿Dónde está el sentido común? Las enfermedades sociales lo han extinguido. No hay nada más absurdo que esto, y ha quedado demostrado con los últimos incidentes que han puesto en peligro la seguridad y el bienestar, especialmente de las niñas; que usando el baño para sus necesidades fisiológicas, se han visto acosadas por depravados sexuales que aprovechan esta ley para cometer sus fechorías. Le han otorgado derechos a unos, violando los derechos de otros y poniendo en riesgo su seguridad.

La Iglesia de este tiempo no pretende inhibir los «derechos» de nadie, pero tampoco estamos dispuestos a ceder los nuestros. No aceptaremos ni acataremos la imposición de cambios a la práctica de nuestra fe, pues es ilegal y atenta contra la separación de Iglesia y Estado. Pero aún si lograran legalizar ciertos cambios y trataran de imponernos prácticas contrarias a nuestra fe, no las acataremos, pues la Biblia dice que: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.» (Hechos 5:29) y aunque tengamos que sufrir los abusos e injusticias, lo haremos con gozo y alegría, porque Jesús dijo: «Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. Alégrense en aquel día y salten de gozo pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo. Dense cuenta que los antepasados de esta generación trataron así a los profetas.» (Lucas 6:22-23). La Iglesia está presta a recibir a todo el que la necesite y brindar la ayuda que esté a nuestro alcance. Está más que dispuesta para sentarse a dilucidar ideas y aportar posibles soluciones que otorguen beneficios y derechos a todos en la sociedad, pues somos parte de ella y buscamos el bienestar común, además, nos asiste ese derecho.

Seguimos llevando el mensaje que proclamó Jesús, que vino a sufrir y a morir por TODOS, y «…que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: Todo el que confíe en él no será jamás defraudado.» (Romanos 10:9-11). Pero también es necesario arrepentirse y confesarle a Dios nuestros pecados y dejarlos:«Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.» (Proverbios 28:19). Jesús dijo: «Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo. Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final. Porque la voluntad de mi padre es que todo el que conozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.» (Juan 6:37-40). Así que, más allá que un mero «fundamentalismo religioso» la Iglesia (cuerpo de Cristo y pueblo de Dios) con sus defectos y virtudes por estar formada de humanos, lleva siglos haciendo lo que Dios le ha encomendado, aunque muchos no crean ni le interese ser parte de ella. Pero el mundo será juzgado en poco tiempo y Dios sigue esperando que la humanidad se arrepienta y regrese a Él, pues fue creada para habitar con Él por la eternidad, y pagará a cada uno conforme a sus actos y sus decisiones aquí en la tierra.

Eduardo Figueroa Aponte

Un Llamado a Despertar…

biblencross. [downloaded with 1stBrowser]Somos muchos los que nos hemos desvivido luchando por alcanzar nuestras metas, sueños y anhelos del corazón, y así poder ocupar un lugar respetable ante la sociedad. ¿Y qué hay de malo en eso? Nada. Pero la verdadera pregunta es: ¿De qué sirve todo eso? La gran realidad es que si Dios no ocupa el primer lugar en nuestras vidas, todo lo que hagamos es en vano, según fue establecido en el el libro de los Salmos «Si el Señor no edifica la casa en vano trabajan los que la edifican.  Si el Señor no guarda la ciudad en vano vigila el guardia.  En vano se levantan de madrugada y van tarde a reposar comiendo el pan con dolor; porque a su amado dará Dios el sueño».  (Salmos 127:1-2).  

Muchos hemos alcanzado ya varias de esas metas, sueños y anhelos del corazón, a veces poniendo a Dios en el último lugar y la mayoría de las veces sin contar con Él. Cuando hemos alcanzado el objetivo, surgen otras dos preguntas: ¿Esto era todo? y ¿Ahora que? Ya logré todo lo que me propuse pero no me siento satisfecho ni completo. ¿Por qué? Porque el lugar que le pertenece a Dios en nuestros corazones, está vacío u ocupado por otras cosas que se han convertido en los dioses que dirigen nuestras vidas (la casa, el carro, los viajes, el trabajo, los estudios, los deportes, los títulos, el poder, la fama, el dinero, etc,). Todo esto es bueno y no hay nada malo en disfrutarlo, pero hemos invertido el orden de prioridades, poniendo a Dios por último y en muchos casos sacándolo de nuestras vidas, pues creemos que hemos hecho todo por nosotros mismos y no necesitamos a Dios.  Pero, la verdad es que Dios en su amor de Padre y misericordia a nosotros derrama su bendición, aunque no la merecemos, eso se llama (gracia).

El concepto de «SER ALGUIEN» que la humanidad nos ha querido empujar por ojo, boca y nariz, no tiene nada que ver con la identidad que Dios nos ha regalado en Cristo Jesús. Su vida terrenal se resume en una sola palabra, AMOR, y su sacrificio nos ha otorgado el privilegio de ser considerados hijos y coherederos con Él. «Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria». (Romanos 8:17). Y el sufrimiento que enmarca este pasaje, tiene que ver con la advertencia que Jesús hizo, relatada en el evangelio de Mateo diciendo: «Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la encontrará. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se puede dar a cambio de la vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho». (Mateo 16:24-28). Quiere decir que los que viven y trabajan para Dios recibirán la recompensa que Él ha prometido, pero los que viven y trabajan para sí mismos, reciben como recompensa el fruto de lo que hacen con sus vidas y su trabajo.  En muchas ocasiones, aunque han logrado lo que se han propuesto, ese fruto acarrea sinsabores, dolores de cabeza y frustraciones, y según el pasaje, han perdido sus vidas (su salvación) porque terminan haciendo muchas cosas que no agradan a Dios y les alejan de Él, convirtiéndose en rebeldes al propósito para el cual han sido creados, vivir en Él, con Él y para Él).

Por naturaleza rechazamos vivir en ese amor que Jesús nos modeló y a cambio hemos elegido vivir en (el desamor, el odio, la amargura, la codicia, el dolor, el engaño, la tristeza, la avaricia, el egoísmo, la contienda, el amor al dinero que es idolatría, etc.), todo esto como resultado de vivir y trabajar por nuestros propios deseos, a los cuales le rendimos culto y adoración, y en los cuales desperdiciamos nuestras vidas. Si aceptáramos con humildad la identidad que Dios nos ofrece en Cristo, y decidimos dejar que Él ocupe el lugar que le corresponde, y sacamos todo lo que está ocupando su lugar en nuestro corazón, entonces todo lo que hagamos tendrá un verdadero sentido y propósito fundado en el amor de Dios.

Su palabra dice: “Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.» (Mateo 6:31-34). Cuando hacemos lo que dice su Palabra, se cumplen sus promesas en nuestras vidas, y nuestras metas, sueños y anhelos del corazón, se disuelven dentro de las metas, sueños y anhelos del corazón de Dios (su propósito) para nuestras vidas. Sólo así llegaremos a sentir una verdadera satisfacción y gozaremos de una auténtica identidad. A Él sea la gloria!

Eduardo Figueroa Aponte