Catarsis… ¡Un imperativo de la tragedia!

En los últimos días, hemos estado experimentando una tragedia tras otra.  Hoy más que nunca podemos afirmar con certeza, que estamos comenzando a ver el principio de los dolores profetizado por nuestro Señor y Salvador Jesucristo cuando dijo:  «Ustedes oirán de guerras y de rumores de guerras, pero procuren no alarmarse. Es necesario que eso suceda, pero no será todavía el fin. Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes.  Todo esto será principio de dolores.» (Mateo 24:6-8 NVI) El evangelio de Lucas añade:  «Habrá grandes terremotos, hambre y epidemias por todas partes, cosas espantosas y grandes señales del cielo.» (Lucas 21:11 NVI).  Más adelante dice:  «Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra, las naciones estarán angustiadas y perplejas por el bramido y la agitación del mar. Se desmayarán de terror los hombres, temerosos por lo que va a sucederle al mundo, porque los cuerpos celestes serán sacudidos. Entonces verán al hijo del hombre venir en una nube con poder y gran gloria. Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, porque se acerca su redención.» (Lucas 21:25-28 NVI) Es cierto que, a través de la historia, muchos han relacionado estas profecías con otros eventos parecidos.  Pero en nuestros días, hemos visto como todo esto ha comenzado a suceder a la vez.  Y qué quiero decir con esto, que Cristo regresa pronto a buscar su Iglesia.  Y tal como les advirtió a sus discípulos, nos advierte:  «Tengan cuidado, no sea que se les endurezca el corazón por el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida. De otra manera, aquel día caerá de improvisto sobre ustedes, pues vendrá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Estén siempre vigilantes, y oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del hombre.»  (Lucas 21:34-36 NVI)

Habiendo dicho esto, podemos comenzar a trabajar con el término (catarsis).  Según el Diccionario de la Real Academia Española, es el «Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones; Purificación, liberación o transformación interior suscitada por una experiencia vital profunda, Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo.»  Cuando experimentamos o presenciamos eventos trágicos, nuestra humanidad es sacudida.  El dolor, la incertidumbre, la impotencia, la desesperación y la desesperanza, golpean fuertemente nuestras mentes y nuestros corazones, como parte de nuestra naturaleza humana.  También es muy natural que la primera pregunta que aparezca en nuestras mentes sea ¿por qué?  Pero, la pregunta que debemos hacernos los que hemos puesto nuestra esperanza en el Todopoderoso, es ¿para qué?  Porque si creemos las expresiones del apóstol Pablo en su carta a los romanos, cuando dijo:  «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Romanos 8:28 NVI), entonces la pregunta debe ser, ¿cuál es el bien que Dios quiere hacernos?, cuando permite que entremos en las crisis/catarsis.  Sé que para muchos resulta muy difícil entender esta realidad, pues siempre nos han querido vender que, al poner nuestra confianza en Dios, estaremos viviendo en el paraíso, pero lo cierto es que, para llegar al paraíso, primero hay que morir.  La verdad es que Jesús nos dijo:  «Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33 NVI) Y es que Él también dijo:  «Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:20 NVI).

Así que, en medio de nuestras crisis, nuestro Señor ha prometido estar presente, pero con mucha frecuencia olvidamos acudir a Él para hallar su oportuno socorro en medio de nuestras catarsis.  Si es difícil entender y manejar las crisis para los que esperamos en Dios, para aquellos que no le han entregado sus vidas al Señor, es insoportable.  La vida me ha enseñado a mirar mis crisis con los espejuelos de la esperanza y la fe, que me permiten mirar el panorama objetivamente, y con expectación sobre lo que Dios quiere lograr en mí mientras entro en un periodo de catarsis.  La mayoría del tiempo no sabremos cuál es el propósito de cada crisis, pero habiendo superado la etapa, siempre puedo dar gracias a Dios por haberme permitido experimentar la crisis, pues me ha mostrado que, en el proceso de catarsis, ha cumplido su propósito en mí, y me ha mostrado Su gloria.  La crisis que está viviendo mi país Puerto Rico, tras el paso del huracán María, me ha pegado muy fuerte, pues amo a mi tierra con todo el corazón.  Y es que la tragedia ocurrió justo después de trasladarme a la ciudad de Boston en los Estados Unidos, para comenzar mis estudios postgraduados.  Cada vez que veo las noticias, fotos y videos en las redes sociales, que evidencian la desgarradora destrucción que ocasionó el huracán, me parten el alma de dolor y no puedo evitar el llanto.  No puedo imaginar el dolor de los que lo perdieron todo, incluyendo sus seres queridos, al igual que nuestros hermanos de Méjico con los terremotos y otras ciudades en Estados Unidos.  Lo que se vive en mi Isla es un caos que nunca imaginamos, una verdadera pesadilla, es como retroceder en el tiempo a los años 30. Pero, así como Puerto Rico logró superar la crisis de aquellos años, sin los recursos y la tecnología que hoy tenemos, lo volveremos a hacer.  Ahora, quiero invitarles a reflexionar en la pregunta, ¿para qué Dios ha permitido que suframos esta crisis?  Desde mi punto de vista, nos encontramos en medio de una catarsis nacional.  Puede que eso suene extraño, pero quiero prestarte mis espejuelos de esperanza y fe.

Como país, hemos sido bendecidos en gran manera, pero esa bendición se nos subió a la cabeza, y se nos olvidó que todo lo que somos y tenemos se lo debemos a Dios, y nos hemos creído autosuficientes.  Nuestro gobierno se embriagó de poder y su arrogancia le ha llevado a pensar que Dios no es necesario y han querido marginarlo, popularizando la mal interpretada y célebre frase «debe haber total y absoluta división entre la Iglesia y el Estado.  Pero resulta que nuestra Isla está marcada de manera profética como la Isla del Cordero (Jesucristo).  Así que Dios tiene grandes propósitos con nuestro terruño.  Por nuestras malas decisiones, decidimos sacar a Dios de nuestras vidas y Él ha respetado nuestra decisión, haciéndose a un lado.  Hemos visto cómo todo nuestro esplendor se ha venido abajo, según han pasado los años.  Los servicios básicos que ofrece el gobierno, han venido colapsando por falta de mantenimiento, actualización, y malversación de fondos.  Llevamos años lidiando con el problema de nuestro estatus territorial, y con una crisis económica sin precedente, que ha hecho aumentar el desempleo, la criminalidad, la falta de recursos, etc.  Finalmente, cuando pensábamos que nos encontrábamos en el peor momento de nuestra historia, llegó la verdadera crisis que nos ha provocado entrar en catarsis.  Sí, ha llegado el momento en que, despojados de todo lo que pensamos que nos pertenecía y nos mantenía ocupados, entretenidos y alejados de Dios, ha sido quitado para que de una vez y por todas busquemos y clamemos a Aquél que puede brindarnos el oportuno socorro.  Llegó la hora de despojarnos de nuestra arrogancia, la hora de comenzar a dirigir nuestras vidas hacia lo que verdaderamente importa, la hora de vivir y amar, la hora de dejar las apariencias, la hora de interesarnos y cuidarnos los unos a los otros, la hora de quitarnos los estigmas que nos han querido poner y que ocultan quiénes somos en realidad, la hora de buscar a Dios de todo corazón.

Dios quiere hacer cumplir su propósito en nosotros, y con mano poderosa, Él quiere mostrarnos su gloria.  Por eso es importante que, en medio de nuestra catarsis, seamos sensibles a la voz de Dios como nos exhorta la Palabra «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón como sucedió en la rebelión, en aquel día de prueba en el desierto.» (Hebreos 3:8 NVI) Si depositamos nuestra plena confianza en Él, disfrutaremos del cumplimiento de sus promesas, Jesús nos enseñó: » Así que no se preocupen diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Con qué nos vestiremos?  Los paganos andan tras todas estas cosas, pero el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.  Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.» (Mateo 6:31-34 NVI) Esta catarsis nos ha llevado a convertirnos en el foco de las noticias internacionales, revelando la raíz de nuestro problema económico, causado por nuestro estatus relacional con los Estados Unidos.  Dios ha querido que el mundo sepa quiénes somos en esencia y nos va a hacer justicia.  Pero es necesario que nos humillemos ante Él, porque así hará brillar su gloria en nosotros y cumplirá su propósito.

Su Palabra nos confronta de la siguiente manera:  «¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios. ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros?  Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.» Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.  Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.» (Santiago 4:4-10 NVI) No puedo evitar pensar en la Palabra profética que Dios puso en la boca del profeta Jeremías, cuando el pueblo de Judá fue llevado cautivo a Babilonia diciendo:  «Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.  Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme y yo los escucharé.  Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.  Me dejaré encontrar -afirma el Señor-, y los haré volver del cautiverio.» (Jeremías 29:11-14 NVI) «¡Ánimo Puerto Rico, el Señor nos levantará!

Eduardo Figueroa Aponte

 

El sufrimiento… ¡Un proceso transformador!

El sufrimiento... ¡Un Proceso Transformador!Somos muchos los que nos hacemos esta pregunta con frecuencia: ¿por qué los seres humanos tenemos que sufrir? La gran mayoría de nosotros miramos este proceso con recelo, porque implica momentos de dolor y angustia que rehusamos atravesar, porque se nos ha inculcado que los seres humanos vienen a este mundo para ser felices. Aunque la «felicidad» no es el fin último de nuestra existencia sobre la tierra, es uno de los beneficios más codiciados en la vida, y en su búsqueda, la humanidad se ha alejado de Dios y se ha vuelto tan egoísta, que cada cual busca la suya sin importar cuánto daño le hace a su semejante. Pero le guste o no a los seres humanos, el sufrimiento es un proceso ineludible que hay que aprobar en la escuela de la vida, que aporta grandes beneficios al desarrollo de nuestro carácter. Pero, ¿qué es el sufrimiento? Con mucha frecuencia, según nuestro contexto cultural, acostumbramos a asignar nuestros propios conceptos y definiciones a las palabras. Pero cuando entramos en el análisis profundo de un tema, estamos obligados a examinar con cuidado los conceptos que dirigen nuestros planteamientos.  Por eso nos referimos al Diccionario de la Real Academia Española, que ofrece un sinnúmero de definiciones para el verbo (sufrir). De éstas hemos seleccionado las que se ajustan a nuestros planteamientos, y subrayamos las que entendemos que deben prevalecer en nuestro entendimiento del verbo (sufrir), y dice que es [Sentir físicamente un daño, un dolor, una enfermedad o un castigo; sentir un daño moral; recibir con resignación un daño moral o físico; sostener, resistir; tolerar o llevar con paciencia; permitir, consentir; satisfacer por medio de la pena; someterse a una prueba o examen; contenerse, reprimirse]. Tal vez, la mayoría de nosotros, no encontramos aquí nuestra definición (concepción) sobre el sufrimiento, pero éstas son las definiciones oficialmente relacionadas a este verbo en Latinoamérica, y encontramos en ellas la manera correcta de entender el sufrimiento.

Por otro lado, la «felicidad» es un estado que sólo alcanza su grado superlativo y permanente cuando decidimos rendir nuestras vidas en adoración/obediencia a Dios, aunque esto no implica ausencia de sufrimiento. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la (felicidad) se define como [Estado de grata satisfacción espiritual y física; persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz; ausencia de inconvenientes o tropiezos]. De aquí también hemos subrayado la definición que debe prevalecer en nuestro entendimiento de la felicidad. Sin embargo, la humanidad define «felicidad» según el resto de las definiciones ofrecidas en el diccionario, y es por eso que también se afecta su entendimiento del sufrimiento, pues la felicidad de los seres humanos no debe estar basada en (personas, situaciones ni objetos, que producen más sufrimiento) sino, en su estado de grata satisfacción espiritual, de lo que muchos de nosotros podemos ser testigos. Así lo enseñó el apóstol Pablo en su segunda carta a los corintios, respecto a la persecución y los sufrimientos que vivían por causa del evangelio diciendo: «Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día a día. Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora pasamos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno.» (2 Corintios 4:16-18). Y no es que seamos insensibles al sufrimiento, es que confiamos en las promesas y los propósitos de Dios, aunque no entendamos los procesos.

Muchos viven haciendo malabares en su afán de alcanzar la supuesta «felicidad» que viven las luminarias de la alta alcurnia, que es evidentemente inalcanzable para el resto de los seres vivientes, y que tanto promueven los medios de comunicación. Sumidos en la ambición, desperdician toda su vida en trabajo forzoso y extenuante, que irónicamente, les roba el tiempo para disfrutar de lo que cosechan y cultivar el núcleo familiar, por lo que se hace imposible alcanzar la tan anhelada «felicidad», pues terminan perdiendo las cosas más importantes de la vida y que el dinero no puede comprar. En ocasiones, esto los lleva a adquirir deudas impagables debido el exceso de posesiones, que terminan robándoles el sueño, en su intento de sobreproteger lo que con tanto sacrificio han logrado. Por otro lado, hay quienes en su impotencia, terminan incurriendo en mecanismos reprochables y peligrosos, que en vez de proveerles la tan anhelada «felicidad», terminan privados de su libertad o prófugos de la justicia y sumidos en el estrés y el temor de que otros puedan arrebatarle lo que con muy poco sacrificio y de forma deshonesta han adquirido. Con todo esto, los que se esfuerzan y los que no, terminan sumidos en sufrimientos que son el resultado de malas decisiones, que se suman  a los que ofrece la escuela de la vida. Por eso debemos hacernos una pregunta obligada… ¿Realmente hay felicidad en todo eso? Hay una gran diferencia en atravesar por sufrimientos provocados por el pecado de la gente que vive alejada de Dios, por lo que no pueden ser felices; y atravesar los sufrimientos que forman parte del proceso natural de la vida, agarrados de la poderosa mano de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que nos hace vivir felices en la esperanza de su salvación y utiliza estos procesos para formar el carácter que nos lleva a parecernos cada vez más a Él.

El apóstol Pablo describe la condición del pecado en los hombres y su esperanza diciendo: «…Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…» (Romanos 2:22-24). Así que mientras vivimos alejados de Dios, estamos destituidos de Su gloria y vivimos bajo la ley del pecado, que acarrea mucho sufrimiento y dolor. Por eso envió a su Hijo Jesucristo a rescatarnos del pecado y restablecer nuestra relación con Dios, que nos devuelve una óptica correcta de la vida y la verdadera felicidad, a pesar del sufrimiento. Así el mismo Pablo lo explicó en su carta a los efesios cuando dijo: «Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.» (Efesios 2:4-10).

Es por esto que cuando rendimos nuestras vidas a la voluntad de Dios, miramos el mundo y lo que sucede en él desde otra perspectiva, pues vivimos conforme al plan de Dios y no conforme a nuestros planes. Y cuando enfrentamos situaciones difíciles, lo hacemos confiando en la buena voluntad de Dios porque «…sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo a su propósito.» (Romanos 8-28).  Y usted me dirá, pero es que yo no he sido llamado… y yo le diré, Dios le está llamando desde la primera vez que usted escuchó de Él, y hoy le está llamando por medio de esta Palabra.  La salvación es para todo aquel que crea y se arrepienta de su vida de pecado y decida caminar el resto de su vida conforme a las enseñanzas de Jesús.  Sólo así se hace posible entender que el sufrimiento es una parte esencial de la vida, pues tenemos mucho que aprender en él.

En la carta a los romanos, el apóstol Pablo nos señala cuáles son los frutos que produce el sufrimiento en aquellos que han decidido vivir sus vidas en Cristo Jesús, basado en su propia experiencia diciendo: «En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.» (Romanos 5:1-5).

En la Biblia podemos encontrar más pistas que nos llevan a entender un poco más acerca del propósito del sufrimiento como proceso transformador, especialmente en la vida de Jesús. La carta a los hebreos dice que «…vemos a Jesús, que fue hecho un poco inferior a los ángeles, coronado de gloria y honra por haber padecido la muerte. Así, por la gracia de dios, la muerte que él sufrió resulta en beneficio de todos. En efecto, a fin de llevar a muchos hijos a la gloria, convenía que Dios, para quien y por medio de quien todo existe, perfeccionara mediante el sufrimiento al autor de la salvación de ellos.» (Hebreos 2:9-10). Así que si Jesús fue perfeccionado por medio del sufrimiento, implica que, (#1) el sufrimiento tiene el propósito de llevarnos a la perfección.  También en la carta a los hebreos se nos dice lo siguiente: «En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; y consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen…» (Hebreos 5:7-9). Así que si Jesús aprendió a obedecer por medio del sufrimiento, implica que, (#2) el sufrimiento tiene el propósito de llevarnos a la obediencia.  

Por lo tanto, si el Hijo de Dios fue perfeccionado y aprendió a obedecer por medio del sufrimiento, sería ingenuo de nuestra parte pensar que nosotros, habiendo sido adoptados como hijos, no vayamos a la misma escuela y seamos probados y examinados de la misma manera que el Autor y Consumador de nuestra fe Jesucristo, que con Su sangre compró nuestra adopción y derecho hereditario.  La carta a los hebreos nos muestra el sufrimiento como un efecto de la disciplina de Dios diciendo: «En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre. Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se nos dirige: [Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama y azota a todo el que recibe como hijo]. Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus para que vivamos? En efecto nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad. Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados en ella.» (Hebreos 12:4-11).  

Todo esto, amados hermanos, nos debe cambiar el panorama de lo que entendemos por sufrimiento y cómo debemos enfrentarlo. Suframos con gozo y alegría las disciplinas del Señor y dejémonos transformar por ellas para que su obra en nosotros sea completada.  La carta de Santiago nos exhorta: «Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada.» (Santiago 1:1-4). Finalizo esta reflexión con las palabras de aliento registradas en la primera carta del apóstol Pedro a las iglesias, que dice así: «¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos. Esto es para ustedes motivo de gran alegría, a pesar de que hasta ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un tiempo. El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Asi también la fe de ustedes, que vale más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele. Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.» (1 Pedro 1:3-9).

Eduardo Figueroa Aponte

Fanatismo vs. Obediencia

Fanatismo vs. ObedienciaSon muchos los que asistiendo a iglesias cristianas y aun sin asistir a ellas se autodenominan cristianos, sólo porque creen en Dios y en su Hijo nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y no es que esto esté mal, pero no está bien del todo, pues la ecuación no es tan sencilla como decir (1+1=2).  Ser cristiano implica mucho más que eso.  Y es que con frecuencia podemos escuchar a muchos decir: «Yo creo en Dios pero no soy fanático…». Precisamente ése es el problema, que no se trata de ser fanático o no, se trata de que si crees en Dios, Él espera que le obedezcas, y así demuestras que verdaderamente le amas.  Jesús dijo: «Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos.» (Juan 14:15). La carta a los hebreos expone esa obediencia a sus mandamientos en la relación que hay entre los padres y los hijos diciendo: «Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo. Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos.» (Hebreos 12:5-8). Con frecuencia encontramos a muchos «cristianos» pretendiendo vivir una doble vida, la secular y la cristiana.  El  verdadero cristiano está llamado a vivir una sola vida, una que glorifique el Nombre del Señor en todo, como testimonio de que le ha permitido a Dios reinar en su mente y su corazón para ser transformado a semejanza de Jesús.

Pero esto es tomado por muchos como algo demasiado espiritual como para pastores, sacerdotes y monjas (que deciden dedicar su vida entera a Él), como algo opcional; pero no lo es.  En el libro de Revelación encontramos la visión del cielo presentada a Juan, donde los que cantan expresan el propósito para el cual Jesús vino al rescate de la humanidad y se describen a los seres vivientes y los ancianos que aparecen delante del trono de Dios cantándole al Cordero: «Digno eres de recibir el rollo escrito y romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. De ellos hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra.» (Apocalipsis 5:9-10). Así que fuimos comprados con sangre para ejercer el sacerdocio para Dios, y eso requiere dedicarse, consagrarse, separarse, guardarse para Dios, y debemos asumir esa responsabilidad en este tiempo, porque ésa será nuestra función en la vida venidera delante de Dios. Pero como la mayoría de esos que se hacen llamar «cristianos» nunca se dan a la tarea de estudiar la Palabra de Dios, (la Biblia), para conocer lo que Él ha dicho, pues hablan de lo que no saben. En su carta a los romanos, el apóstol Pablo exhorta a los hermanos a vivir esta realidad diciendo: «Por tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena agradable y perfecta.» (Romanos 12:1-2).  Esta carta está dirigida a toda una comunidad de cristianos, no exclusivamente a candidatos al ministerio a tiempo completo. No se trata sólo de una vocación, también es un estilo de vida con el que gritamos a los cuatro vientos que le pertenecemos al único Dios verdadero y Santo.

Pero como el énfasis mundial es validar todo lo que la gente piense, sienta y crea, creemos que siendo «cristianos» tenemos el derecho de anular la autoridad de la Palabra de Dios, y obedecerla cuando no se opone a lo que más nos gusta y queremos. Por eso más que «cristianos» nos convertimos en (cristinos…) porque terminamos construyendo altares para rendirle culto y adoración a nuestras pasiones y deseos, y las sentamos en el trono de Dios para que nos dominen y reinen sobre nosotros.  Lo más terrible de todo es que esperamos que Dios tome por buenas todas nuestras decisiones. Y bien dice la Palabra que «Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.» (Mateo 5:45), pero esto no significa que todas nuestras acciones sean aceptadas o agradables a Él, pues la Biblia es clara en la revelación de sus mandamientos que son su voluntad para nosotros.  En cuanto a esto, el apóstol Pedro también nos ilustra sobre la vida que el cristiano debe vivir diciendo: «Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, para vivir el resto de su vida terrenal no satisfaciendo sus pasiones humanas sino cumpliendo la voluntad de Dios. Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos, entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y las idolatrías abominables. A ellos les parece extraño que ustedes no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan. Pero ellos tendrán que rendirle cuentas a aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. Por esto también se les predicó el evangelio aun a los muertos, para que a pesar de haber sido juzgados según criterios humanos en lo que atañe al cuerpo, vivan conforme a Dios en lo que atañe al espíritu.» (1 Pedro 4:1-6). Así que la verdadera vida cristiana requiere tomar la decisión de vivir en el mundo, pero para Dios.  Los que no creen esto, o no lo han entendido y lo rechazan, son los que consideran fanáticos a los que han decidido dedicar su vida entera a Dios.

Pero estas cosas son las que los apóstoles predicaron como parte de las enseñanzas de Jesús cuando Dijo: «Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? Pero el hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho.» (Mateo 16:24-28). Como vemos, esto es una ordenanza de Jesús, no es opcional. Aquí el que quiere salvar su vida es aquel que prefiere vivir según la costumbre de los de este mundo y por eso se convierte en enemigo de Dios, que al pasar a la eternidad, irá al castigo eterno. Así lo testifica la carta de Santiago en la que dice: «¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.» (Santiago 4:4). Pero el que tiene en poco su vida y decide sacrificarla por seguir a Jesús, encuentra la verdadera vida, porque renunciando a los placeres de este mundo para agradar a Dios, pasará a la eternidad para vivir en su presencia para siempre. Ésta es la vida para la cual fuimos creados, la vida eterna. Pero, la carta a los hebreos dice: «Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.» (Hebreos 12:14). Así que para los cristianos, es una obligación imitar la vida de Jesús, practicando en la tierra lo que viviremos en el cielo por los siglos de los siglos. Si todos en la tierra practicáramos vivir como Jesús, estaríamos experimentando el paraíso del cual Adán y Eva fueron expulsados por rebeldes. Así que el fanatismo religioso no tiene nada que ver con el cristianismo verdadero, porque los que verdaderamente aman a Dios, constantemente vivirán haciendo todo lo que Él ha mandado.

¿Y cómo sabemos entonces si lo que hacemos en nuestra vida cristiana es correcto y le agrada a Dios? Leyendo la Biblia que es la revelación de la voluntad de Dios para nosotros, que a su vez desarrolla nuestro discernimiento con la obra del Espíritu Santo que Jesús envió para que morara en nosotros y nos guiara a toda verdad y toda justicia. Así quedaron registradas las palabras de Jesús en el evangelio de Juan cuando dijo: «Pero les digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes. Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí; en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme; y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta sino que dirá sólo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes.» (Juan 16:7-14).  Así que no hay excusa ni hay fanatismo alguno, se trata de la verdad que deben vivir los cristianos, si es que verdaderamente lo son, aunque al mundo no le guste ni lo entienda. Pero cuando llegue el fin, ya sea de la vida o de los tiempos, Dios pagará a cada uno según sus obras.

Eduardo Figueroa Aponte

Viviendo sin temor, en medio del terror…

Adobe SparkNos ha tocado vivir en la era más activa del terrorismo, en todo el sentido de la palabra. ¿Y qué es terrorismo? El diccionario de la Real Academia Española lo define como: «Dominación por terror; Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror; Actuación criminal de bandas organizadas, que reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretenden crear alarma social con fines políticos.» Así que según esta definición, el terrorismo no es solamente un acto violento perpetrado por individuos para provocar terror (método expeditivo de represión revolucionaria o contrarrevolucionaria) y la pérdida de vidas inocentes con fines «religiosos»; sino que todo aquel que pretende dominar, aterrorizar y alarmar a la sociedad de forma organizada e indiscriminada es un terrorista. Por lo tanto, según esta definición, podríamos clasificar a los gobiernos, las más grandes empresas y a muchos de los medios de comunicación como las bandas organizadas más sobresalientes entre los terroristas más influyentes de este tiempo porque a pesar de que no se caracterizan por fines religiosos «ni provocan la pérdida de vidas inocentes con violencia física, (aunque en algunos caso sí)», quieren dominar, aterrorizar y alarmar a la sociedad de forma indiscriminada y sensacionalista, sembrando incertidumbre y temor para tener control de ella.  Pero, ¿qué dice la Biblia acerca del temor? En la primera carta de Juan encontramos lo siguiente: «…Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que en el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero.» (1 Juan 4:16-19). Así que los que hemos sido perfeccionados en el amor de Dios y vivimos esforzándonos por imitar la vida de Jesús, no debemos vivir en temor y no esperamos castigo, pues su sangre nos limpia de todo pecado, nos ha dado salvación y vendrá a buscarnos para que reinemos con Él en las moradas celestiales para siempre. Ésta es Su promesa, y es nuestra esperanza.  En esa misma carta de Juan más adelante dice: «En esto consiste el amor de Dios; en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios?» (1 Juan 5:3-5). Por eso somos más que vencedores y no hay por qué vivir con temor por mucho que soplen los vientos del terror, pues debemos vivir confiando en las promesas de Dios, que son nuestra esperanza.

En estos últimos años, han salido a la luz los fraudes y vicios ocultos de varios gobiernos. Éstos, junto a las grandes empresas, que son los más grandes intereses económicos, y muchos de los medios de comunicación han manipulado la información para disfrazar, favorecer y adelantar las agendas ocultas de algunos, que invierten mucho dinero sobornando y enamorando a los amigos de las ganancias mal habidas, para poner en marcha sus maquinaciones ambiciosas y egoístas aunque afecten perniciosamente a la sociedad. Utilizan la psicología a través de los medios de comunicación (periódicos, revistas, noticieros, televisión, redes sociales, billboards etc.), para introducir sus ideas y planes como un virus infeccioso que al principio no provoca síntomas, pero termina convirtiéndose en una epidemia mortífera. Ese virus menoscaba sutilmente el carácter de los individuos, y les va debilitando sus sistemas de defensa (principios y valores), fundamentales para el buen funcionamiento de la sociedad, y terminan completamente infectados y resignados a vivir así el resto de sus vidas, esperando que el tratamiento para su enfermedad, algún día sea provisto por aquellos que de forma infiltrada se la ocasionaron premeditadamente y para el beneficio de algunos.

La manipulación es tan efectiva que la gente nunca llega a entender que los daños colaterales son fatales, y se suman a las campañas a favor del virus y la enfermedad enérgicamente. Pues al fin y al cabo, se acostumbran a vivir con los síntomas que ya ven como naturales y normales, sin darse cuenta de que están firmando su sentencia de muerte y procuran animar a otros que también la firmen, sin saber lo que hacen. Y es que en este tiempo a nadie le interesa medir las consecuencias a largo plazo, queremos vivir el hoy y el ahora, sin considerar los problemas que estamos provocando para nuestras generaciones futuras, nuestros hijos. Ésta es la única forma en que estos terroristas pueden lograr con éxito llevar a cabo sus planes, pues de no ser así, nadie estaría de acuerdo con ellos. Y estamos hablando de forma metafórica y también literal. Pues la epidemia mortal ocurre en las mentes y los corazones de una sociedad que ha sido trastornada por la manipulación, pero también convalece de forma física, sufriendo el estrés que produce tener que vivir constantemente contra la pared, entre lo que queremos y creemos, versus lo que nos quieren imponer. Algunos terminan queriendo quitarse la vida al no saber manejar estas crisis, otros mueren enfermos como resultado de los efectos secundarios que provocan las muchas violaciones que los gobiernos y las grandes empresas cometen contra el medio ambiente y las consecuencias que producen.

Nos agobian por todos lados con la información que quieren promover, esencialmente si favorece algún proyecto que generará millones de dólares a la economía de los que están arriba, pero contribuyen a desgraciar la vida de los que estamos abajo, empobreciéndonos y enfermándonos cada vez más. Logran convencer a la gente de falsas realidades para que las masas bailen al ritmo que ellos quieren tocar. Provocan un caos de todo, exagerando la información de algunos eventos para elevar sus rangos de visibilidad, a veces con tragedias, otras veces fomentando el adelanto de causas particulares, enalteciendo más los argumentos de una parte del debate y menospreciando y silenciando los argumentos de la otra parte, buscando incriminar los errores de algunos que gastan su vida trabajando por el bienestar de la sociedad, pero no son capaces de aplaudirles ni reconocerles todo el bien que han hecho, todo depende de la motivación del medio y las agendas políticas. Así hacen con la Iglesia, que no es una estructura con cuatro paredes, es el pueblo de Dios, que también es parte de la sociedad alrededor del mundo.

La mayoría de la gente en Puerto Rico piensa que la separación de Iglesia y Estado, hace de la Iglesia un ente extraño y aparte del resto de la sociedad que no tiene voz ni voto. Pues para todos aquellos que estén dentro de este grupo, sepan que esa estipulación se encuentra en el Artículo II de la Carta de Derecho en la Sección 3 (Libertad de Culto), de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Esta sección se incluyó allí con el fin de proteger y garantizar el derecho a la libertad de culto de toda religión y coartar el poder del Estado de querer entrometerse en la institucionalidad y el ejercicio del culto religioso, y por eso hay completa separación de Iglesia y Estado, para proteger a la Iglesia del Estado, no al revés. Nuestra Constitución en su gran mayoría está basada en valores Bíblicos que son universales y garantizan el bienestar de los seres humanos, además la Biblia dice así de las naciones:  «Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que escogió su heredad. El Señor observa desde el cielo y ve a toda la humanidad; él contempla desde su trono a todos los habitantes de la tierra. Él es quien formó el corazón de todos, y quien conoce a fondo todas sus acciones. No se salva el rey por sus muchos soldados, ni por su mucha fuerza se libra el valiente. Vana esperanza de victoria es el caballo; a pesar de su mucha fuerza no puede salvar. Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su gran amor; él los libra de la muerte, y en épocas de hambre los mantiene con vida. Esperamos confiados en el Señor; él es nuestro socorro y nuestro escudo. En él se regocija nuestro corazón porque confiamos en su santo nombre. Que tu gran amor, Señor nos acompañe tal como lo esperamos de ti.» (Salmos 33:12-22).

La Iglesia (el pueblo de Dios) es parte de la sociedad y también paga contribuciones. Por eso tiene derecho a expresarse libre y deliberadamente, como lo hace todo ciudadano y toda institución, aunque muchos quieran callarla. Pero, como pertenece a esa parte de la sociedad que cree en los principios y valores tradicionales que han garantizado el orden y el bienestar de la sociedad por muchos siglos, y como ente multitudinario influyente se opone al desenfreno en todas las áreas de la sociedad, los grandes poderes e intereses económicos se han puesto de acuerdo para hacer lo imposible por destruirla. Pues en el desenfreno han visto una gran mina de oro que quieren explotar, a sabiendas de los grandes peligros y complicaciones que provocarán, como siempre lo han hecho desapercibidamente. Pero, desde sus comienzos hace 2016 años, la Iglesia ha sido perseguida hasta la muerte, pero nada ni nadie ha podido evitar su existencia ni detener su crecimiento y expansión por toda la tierra y su voz jamás podrá ser callada. La historia refleja que cada vez que se ha fomentado la persecución contra la Iglesia, han surgido los más grandes avivamientos que la han hecho crecer de golpe. Por eso, en vez de abrazar el temor, debemos vivir gozosos y orgullosos por las persecuciones según el apóstol Pablo que dijo: «Así que nos sentimos orgullosos de ustedes ante las iglesias de Dios por la perseverancia y la fe que muestran al soportar toda clase de persecuciones y sufrimientos. Todo esto prueba que el juicio de Dios es justo, y por tanto él los considera dignos de su reino, por el cual están sufriendo. Dios que es justo, pagará con sufrimiento a quienes los hacen sufrir a ustedes. Y a ustedes que sufren, les dará descanso, lo mismo que a nosotros. Esto sucederá cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, el día en que venga para ser glorificado por medio de sus santos y admirado por todo los que hayan creído, entre los cuales están ustedes porque creyeron el testimonio que les dimos.» (2 Tesalonicenses 1:4-10).

Ni los gobiernos, ni las grandes empresas, ni las comunicaciones y tampoco los terroristas actuales podrán detener la Iglesia ni callar su voz, porque es el cuerpo de Cristo y Él ya venció en la cruz del Calvario, es Rey de Reyes y Señor de Señores, tiene todo poder y autoridad sobre la creación y pronto regresará a buscar su pueblo, la Iglesia, para llevarla a reinar con Él.  Jesús le dijo a Simón: «Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella.» (Mateo 16:18).  Así que no hay por qué temer si estamos en Cristo, pues aunque muramos físicamente en medio de la persecución y la hostilidad de los hombres en la tierra, nuestra morada y galardón nos espera en el cielo, la vida eterna. Esto mismo le habló Cristo a la iglesia de Esmirna registrada en el libro de Apocalipsis diciendo: «No tengas miedo de lo que estás por sufrir. Te advierto que a algunos de ustedes el diablo los meterá en la cárcel para ponerlos a prueba, y sufrirán persecución durante diez días.  Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.» (Apocalipsis 2:10).

Por eso el apóstol Pablo hizo las siguientes exhortaciones a las iglesias diciendo: «Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. Hagan todo con amor.» (1 Corintios 16:13-14). También dijo: «Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz. Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por medio de él  fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todas las cosas, que por medio de Él forman un todo coherente. Él es el principio, el primogénito de la resurrección, para ser en todo el primero. Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz. En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran enemigos. Pero ahora Dios a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación bajo el cielo, y del que yo Pablo, he llegado a ser servidor.» (Colosenses 1:9-23).

Eduardo Figueroa Aponte

Enigmas de la vida y la muerte…

Adobe Spark (1) copyLa vida y la muerte son dos verdades absolutas, de las que por siglos los seres humanos hemos filosofado hasta el cansancio. Sin embargo, nadie ha podido descifrar de forma absoluta, los procesos esenciales que envuelven estas dos verdades. Sólo sabemos lo que vemos y experimentamos. Nadie sabe con certeza en qué momento exacto entra el aliento de vida en la gestación de los seres humanos, ni cuándo se apartará ese aliento de nuestro cuerpo para que se concrete nuestra muerte. No obstante, hace dos mil años, nació Uno que dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida, le contestó Jesús.  Nadie llega al Padre sino por mí.» (Juan 14:6). La vida es un regalo de Dios y la muerte es la consecuencia del pecado. En su carta a los romanos, el apóstol Pablo les dijo: «Cuando ustedes eran esclavos del pecado, estaban libres del dominio de la justicia. ¿Qué fruto cosechaban entonces? ¡Cosas que ahora los avergüenzan y que conducen a la muerte! Pero ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al servicio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.» (Romanos 6:20-23). Así que fuimos creados para vivir en la eternidad en comunión con Dios, pero por nuestra rebelión (pecado), fuimos destituidos de su gloria. Así también lo establece la carta a los romanos diciendo: «Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. Antes de promulgarse la ley, ya existía el pecado en el mundo. Es cierto que el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley; sin embargo, desde Adán hasta Moisés la muerte reinó, incluso sobre los que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, quien es figura de aquel que había de venir. Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos! Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones. Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo.» (Romanos 5:12-17).

Jesucristo vino al mundo a revelar el misterio de esas dos verdades escondidas en Dios. Él abolió nuestra esclavitud al pecado y despojó a la muerte de su poder, para restituir nuestra relación con Dios y darnos acceso a la vida eterna. Para nosotros, la vida es temporera y termina cuando llega la muerte. Por eso nos desvivimos tratando de hacer todo lo que queremos con prontitud, para poder disfrutarlo antes de que llegue la muerte. Sin embargo, mientras estamos muy envueltos en lo nuestro «aprovechando la vida», si no hemos procurado vivir relacionándonos con Dios, según Jesús, aunque creemos estar vivos, seguimos muertos. Pero para todo el que le busca y cree en Él, la vida en esta tierra se convierte en el ensayo de lo que viviremos después de la muerte terrenal, pues morimos en el cuerpo, pero nuestras almas se trasladan a la verdadera vida para la cual fuimos creados, la vida eterna. Todos al morir entraremos en la eternidad, pero sólo los que hayamos creído el mensaje de Jesús y procuremos permanecer en su mensaje, viviremos eternamente en su presencia. Jesús dijo: «Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.» (Juan 5:24).

Muchos preguntarían, ¿y sólo porque Él lo dijo yo tengo que creerlo? A ellos les contestaría, «si yo fuera tú lo creería». ¿Por qué? Porque esto no es un cuento de camino, es historia. Los historiadores ubican los hechos históricos entre dos eras principales de la humanidad (antes y después de Cristo), y no lo hacen por que sí o por si acaso, es que fue un hecho real, no es un mito. Jesucristo cambió el curso de la historia con su nacimiento, vida, pasión, muerte, resurrección y ascensión. Es un hecho histórico innegable. Hizo portentos milagrosos nunca antes vistos sobre la faz de la tierra, viviendo una vida impecable, fue crucificado injustamente, se levantó de entre los muertos y se le apareció a muchos, que aunque ya no viven fueron testigos de su resurrección. Y aunque estamos muy distanciados de la época en que esto sucedió, y dudemos de que así fue, nuestra duda no invalida el testimonio de aquéllos ni puede borrar este hecho real de la historia. En Él se cumplieron más de trescientas profecías dadas por Dios a sus profetas muchos siglos antes de su nacimiento; todo lo que dijo que pasaría con Él mismo y con los suyos también se cumplió; hoy aguardamos el cumplimiento de sus Palabras proféticas para los tiempos del fin, Palabras que ya han comenzado a cumplirse. Así que no hay excusas para no creer, por eso el que no crea será juzgado. En el evangelio de Juan encontramos a Jesús confrontando la fe de Marta con su entendimiento de la muerte de su hermano Lázaro: «Entonces Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?» (Juan 11:25-25). La muerte es un proceso ineludible que todos enfrentaremos en algún momento y por el cual todos debemos pasar. Aunque muchos esperamos ser parte de aquellos que no sufrirán la muerte porque cuando Jesucristo regrese serán arrebatados, según el apóstol Pablo cuando dijo: «Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto.  El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire.  Y así estaremos con el Señor para siempre. Por tanto, anímense unos a otros con estas palabras.» (1 Tesalonicenses 4:15-18). Para el que no cree, la muerte es un estado que determina el fin de todas las cosas. Para el creyente la muerte debe ser el proceso de transición entre lo que estuvimos ensayando en la tierra, a la verdadera ejecución en la presencia de Dios. Para los creyentes, la muerte no debe ser motivo de preocupación, angustia o perturbación si realmente hemos creído que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador y vivimos conforme a su Palabra. 

Ahora bien, ciertamente la vida es como una montaña rusa, que nos conduce rápidamente por todo tipo de pasajes, y la muerte de nuestros semejantes nos causa, mucha tristeza y dolor por la separación definitiva. Pero lo cierto es que todos los procesos por los que pasamos en la vida son parte de la formación de nuestro carácter como individuos, y nos deben llevar a parecernos más y más a Jesús. Pero eso lo llegamos a entender cuando reconocemos y aceptamos lo que el apóstol Pablo habló en su carta a los romanos diciendo: «Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo a su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó también los glorificó.» (Romanos 8:28-30). Cuando aprendemos a mirar los procesos de la vida y la muerte a la luz de lo que Dios ha dicho, podemos vivir la vida con propósito y esperanza y sin temor.  Porque como dice la primera carta de Juan: «Y nosotros hemos visto y declaramos que el Padre envió a su Hijo para ser el Salvador del mundo. Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama.  Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Ese amor se manifiesta plenamente entre nosotros para que el día del juicio comparezcamos con toda confianza, porque en este mundo hemos vivido como vivió Jesús. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero. Si alguien afirma: Yo amo a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y él nos ha dado este mandamiento; el que ama a Dios, ame también a su hermano.» (1 Juan 4:14-21).

Así que amando a nuestros hermanos, cuando se nos adelantan partiendo a la eternidad, sufrimos el duelo por la separación definitiva, pero sabiendo que los volveremos a ver cuando todos lleguemos a los prados de la vida eterna. Así que la muerte para nosotros los cristianos es una transición, pues no pertenecemos a este mundo, como dice la primera carta del apóstol Pedro: «Ya que invocan como Padre al que juzga con imparcialidad las obras de cada uno, vivan con temor reverente mientras sean peregrinos en este mundo.» (1 Pedro 1:17). Más adelante también expone lo siguiente: «Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación.» (1 Pedro 2:11-12).  Por eso, sabiendo que todo esto es así, debemos entender que no importa qué tan difícil sean las situaciones por las que tengamos que pasar, seguimos adelante sabiendo que Dios estará con nosotros para sostenernos y ayudarnos en todo proceso, pues TODO, por adverso que parezca y aunque no haya sido provocado por Dios, Él lo usará para nuestro bien, aunque no logremos identificar ese bien al instante. Pues Dios nos ama y al igual que el apóstol Pablo deberíamos decir: «Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo porvenir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.» (Romanos 8:38-39).  Este amor debe ser motivo suficiente para que perseveremos en nuestra fe, para que al igual que Jesucristo podamos vencer la muerte y vivamos por toda la eternidad junto a Él.
 
Eduardo Figueroa Aponte

En "Coma" el Amor Verdadero…

Adobe Spark (5)«El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.» (1 Juan 4:8). Este versículo bíblico explica la médula de todos nuestros problemas sociales. Muchos profesan amar a los suyos, así que creen en el amor y viven tratando de cultivarlo y disfrutarlo aunque el amor es algo que no se puede ver.  Sin embargo, como no ven a Dios, no creen en Él, no lo profesan, ni tratan de cultivar su relación con Él, por lo tanto tampoco pueden disfrutarla, aunque Dios es el origen mismo del amor.  Pero como todo en nuestras vidas, buscamos apropiarnos y practicar lo que nos conviene y nos gusta.  Así que las cosas que no nos gustan, aunque nos convienen, las rechazamos. Nos pasa con nuestros padres.  Nos encanta que nos amen, nos mimen y nos provean todo lo que nos gusta y necesitamos; pero detestamos que nos corrijan y nos pongan límites, aunque esos límites sean impuestos para protegernos porque nos aman. Así mismo nos pasa con Dios.  Nuestro Creador y Padre celestial nos impuso límites que nunca debimos pasar, pues Él, que todo lo sabe, quiso protegernos de todos los males que hoy nos aquejan.  Pero queremos disfrutar su amor, recibiendo todo lo que Él nos da y le pedimos, pero no queremos saber de sus correcciones y límites, que son producto de su amor por nosotros.

Vivimos en la era en que la humanidad pretende redefinir todas las cosas absolutas en cosas relativas. De aquí nacen un sinnúmero de planteamientos filosóficos individualistas, que carecen de toda razón lógica y credibilidad, pues no cuentan con el apoyo de investigaciones serias que validen la efectividad de dichos planteamientos. Pero el tiempo se ha encargado de evidenciar que donde quiera que se ha aceptado e implantado la práctica de dichos planteamientos, éstos han provocado serias dificultades en la sociedad que ni siquiera los gobiernos saben cómo manejarlas. Y sólo así porque sí pretenden imponer sus filosofías como verdades absolutas que deben ser aceptadas y respetadas e impuestas al resto de la humanidad. Son planteamientos basados en sentimientos pasionales y deseos frívolos producto del pensamiento individualista/egoísta, que aunque puede ser auto-destructivo, se convierte en el capricho de algunos que reclaman tener «derecho» aunque en nada aporte a la estabilidad social, la sana convivencia y el bien común. Por eso hoy encontramos a muchos enredados entre tanta multiplicidad de pensamientos, porque no practican el análisis responsable de todo lo que escuchan o leen, recibiendo y apoyando cualquier cosa que les parezca bien o les convenga, aun cuando no conocen su procedencia, propósito y consecuencias.

Es importante analizar las situaciones de la vida detenidamente, pues son fundamentales para nuestro crecimiento personal y el desarrollo de nuestro carácter y buen juicio, especialmente cuando esas situaciones rompen con nuestros esquemas. En vez de preguntarnos el ¿porqué? de las cosas, debemos preguntarnos ¿para qué? esas cosas. Pero preferimos optar por lo más fácil, dejarnos llevar por la corriente y no hacernos pregunta alguna. Nadie quiere asumir posturas responsables, dicen: «prefiero evitar situaciones, eso es muy problemático…»; pero es honesto. No existe el sano juicio para el análisis de las cosas. Hoy día la honestidad es enemiga de la lealtad. Diferir del otro con respeto es sinónimo de enemistad. «Si no estás conmigo, estás contra mí.» Exigimos tolerancia y equidad cuando no somos capaces de ofrecerlas, ni tratamos a los demás como queremos que nos traten. No obstante, impera la falta de respeto y la burla.  Ante opiniones encontradas, en el mejor de los casos, guardamos silencio para evitar el drama o preferimos ser hipócritas y así congraciarnos con todo el mundo, y nos dejamos arrastrar por la corriente, apoyando cualquier cosa, aunque en realidad no estemos de acuerdo y no tengamos idea hacia dónde nos arrastrará tal corriente. 

Pero claro, resulta más fácil repetir lo que otro dijo, especialmente cuando nos exime de toda responsabilidad con Dios y con los demás, y nos abre las puertas para dar rienda suelta a nuestro instinto animal (irracional) y los más bajos deseos egocentristas, (hagamos todo lo que nos gusta y está prohibido) esto sin medir consecuencias.  Si se ha prohibido, es porque de alguna manera se ha probado que las consecuencias de eso que se ha prohibido son fatales, especialmente si la prohibición proviene de la Palabra de Dios, la Biblia. En la carta a los Romanos el apóstol Pablo plantea lo siguiente «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.  Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2).  Todo lo que Dios ha dado por mandato, lo dio por amor a nosotros, sabiendo que nosotros éramos capaces de hacernos daño a nosotros mismos si no teníamos reglas a seguir.  Pero todo aquel que no cree en Dios, y todo el que «cree» pero no le obedece, menosprecia Su amor.

De aquí nace el rechazo y el repudio a los cristianos, pues aunque el mundo no lo reconozca ni lo acepte, los que profesamos y creemos que Dios ha revelado en la Biblia como mandato y normas a seguir para que vivamos vidas plenas, ha sido la estructura que ha permitido que la humanidad trascienda en su existencia, pues de otra manera, ya nos hubiéramos auto-destruido.  Pero como todo lo que Dios ha dicho, hoy día representa «fanatismo, fundamentalismo religioso, violación de derechos civiles, crimen de odio, etc.» pues hay que erradicar el cristianismo. Sí, ahora quieren restringir nuestro derecho constitucional a la libertad de culto, criminalizar nuestra fe, prohibirnos la libertad de expresión, y perseguirnos hasta que decidamos abandonar nuestra fe.  Todo esto porque queremos obedecer el mandato de Dios, de predicar su evangelio a toda criatura, nos convertimos en obstáculo y barrera que detiene la práctica de todo lo que Dios ha prohibido, que resulta muy placentero a los caprichos individuales, pero que al fin y al cabo terminarán por destruir la humanidad. Pero no debe sorprendernos a los que estudiamos y conocemos las Sagradas Escrituras, pues en ellas encontramos que Jesús nos advirtió lo siguiente:

«Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá hambres y terremotos por todas partes. Todo esto será apenas el comienzo de los dolores. Entonces los entregarán a ustedes para que los persigan y los maten, y los odiarán todas las naciones por causa de mi nombre. En aquel tiempo muchos se apartarán de la fe; unos a otros se traicionarán y se odiarán; y surgirá un gran número de falsos profetas que engañarán a muchos. Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.» (Mateo 24:7-14). Todo se está cumpliendo al pie de la letra, el fin se acerca!
Además, para los cristianos, todas estas cosas deben ser motivo de alegría y gozo, y no de aflicción, pues anuncian que se acerca el cumplimiento de las promesas en las que tenemos puesta nuestra esperanza.  Jesucristo habló de todas estas cosas a sus discípulos diciendo: «Dichosos ustedes cuando los odien, cuando los discriminen, los insulten y los desprestigien por causa del Hijo del hombre. Alégrense en aquel día y salten de gozo pues miren que les espera una gran recompensa en el cielo.  Dense cuenta que los antepasados de esta gente trataron así a los profetas.» (Lucas 6:22-23).
Analicemos una frase que tomó mucha fuerza recientemente: «Love Wins». Ésta frase se hizo viral en las redes sociales en los días en que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, aprobó el matrimonio entre parejas del mismo sexo en nombre del amor.  Sin embargo, el matrimonio es una institución sagrada establecida por Dios entre el hombre y la mujer. Pero, aquellos que rechazan las correcciones y límites que impuso Dios por amor, quieren prostituir lo sagrado, legalizando una relación que Dios ha prohibido, imponiendo su supuesto «derecho/conveniencia». La realidad es que la definición que el mundo le ha dado al amor ha sido viciada y no tiene nada que ver con el verdadero amor. Por eso muchos no entienden el sacrificio que Jesucristo hizo al derramar su sangre por nosotros en la cruz, clavando nuestra maldad en ella y reconciliándonos al amor del Padre. Toda nuestra culpa le fue atribuida a Él. Ésta ha sido la manifestación más excelsa del amor de Dios por su máxima creación, la humanidad. Es el evento más trascendental ocurrido en toda la historia, al punto que hoy se divide en antes y después de Cristo.
Les invito a reflexionar en la verdadera definición del amor, que dice así: «El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» (1 Corintios 13:4-7).
Habiendo leído esta definición; ¿Realmente podemos decir que amamos? Cuando TODOS hayamos entendido lo que es el verdadero amor y reine la paz y el respeto entre todas las esferas sociales, entonces podremos decir «Love Wins»…
Eduardo Figueroa Aponte

¡Victoria! En Medio del Caos que nos Asedia…

bible-clip-art-234545. [downloaded with 1stBrowser]Es evidente que tras el paso de los años, la buena convivencia, los principios, valores y costumbres que permitieron el buen funcionamiento de las sociedades, han ido sucumbiendo. Esto ante las emergentes políticas de convivencia de la postmodernidad, que como epidemias infecciosas y virales, van intoxicando las sociedades del mundo, que hoy convulsa y comienza a dar síntomas de mortandad. Lo más trágico de todo, es que estas epidemias producen un efecto embriagante que inhibe los sentidos y la razón de los más sabios, al punto de convertirlos en necios, aún dentro de la Iglesia.  Son como ríos irrefrenables que al acumular las incesantes lluvias, se llevan todo lo que encuentran a su paso con la fuerza de sus corrientes. De esto nos advirtió el apóstol Pablo diciendo: «Que nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según las normas de esta época, hágase ignorante para así llegar a ser sabio. Porque a los ojos de Dios la sabiduría de este mundo es locura. Como está escrito: «Él atrapa a los sabios en su propia astucia»; y también dice: «El Señor conoce los pensamientos de los sabios y sabe que son absurdos.»». (1 Corintios 3:18-20). 

Pero como dice el libro de Proverbios: «El ingenuo cree todo lo que le dicen; el prudente se fija por dónde va. El sabio teme al Señor y se aparta del mal, pero el necio es arrogante y se pasa de confiado». (Proverbios 14:15-16). Ciertamente entre muchos gobernantes y poderosos ya no hay temor de Dios, y procuran que sus súbditos tampoco teman a Dios, para poder manipularlos en el cumplimiento de sus agendas personales. Por eso, encontramos que en todos aquellos que se rebelan contra Dios, se cumple lo que también dijo el apóstol Pablo en la carta a los Romanos: «A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles. Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén. Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión. Además, como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer. Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados. Saben bien que, según el justo decreto de Dios, quienes practican tales cosas merecen la muerte; sin embargo, no sólo siguen practicándolas sino que incluso aprueban a quienes las practican». (Romanos 1: 21-32)

Sí, esta es la razón por la cual estamos viviendo un CAOS como sociedad alrededor del mundo. Por eso hoy tenemos que lidiar con razonamientos oscurecidos que surgen de la rebeldía contra Dios, como la «perspectiva de género» y las «orientaciones sexuales». Es el afán desmedido de querer cambiarlo todo según los antojos y caprichos de algunos sin medir las consecuencias y los daños que puedan causar esos cambios al resto de la humanidad. Sí, tal es el caso de las farmacéuticas que lanzan productos al mercado que, sin conocer sus efectos a largo plazo, matan a la gente lentamente, al igual que la industria agrícola con sus alimentos genéticamente modificados. Pero como es más importante suplir las necesidades del gobierno y las industrias, que mercadean con la salud y el dolor del pueblo, qué importa. Así también hacen con todo lo que proponen como leyes en estos días, todas sirven a los grandes intereses del capitalismo desmedido. Unos pocos se hacen más ricos y poderosos mientras disfrutan de los manjares del placer y la opulencia, mientras el resto se hace cada vez más pobre, con una pésima calidad de vida, en la que el acceso a los servicios para suplir sus necesidades básicas son cada vez menos accesibles. Es una agenda a la cual los pueblos se anexan inevitablemente sin entender que están siendo manipulados y explotados con un solo propósito, perpetuar el poder de los poderosos.
Mejor no lo pudo haber precisado Juan Valera, cuando dijo:
«La postmodernidad nos ha venido legando el derrumbe de todos los sistemas filosóficos, políticos, morales y religiosos que han servido de baluarte durante la época moderna, (desde el Renacimiento del siglo XVI, hasta la década de los ochenta en el siglo XX). Ha producido la pérdida de horizontes y referentes en todos los órdenes de la vida. La desorientación en cuanto a todo, favorece un vacío existencial, que a su vez y por reacción provoca cuatro características principales de la sociedad postmoderna: hedonismo (el placer por el placer), individualismo (yo me basto), narcisismo (yo soy el centro del mundo) y relativismo (todo vale, no hay verdades absolutas). En el ámbito religioso se produce una extraña simbiosis, por un lado la secularización lo impregna todo, pero a la vez la sociedad postmoderna carente de ilusiones y esperanza, necesita nuevos ídolos e ideologías que no tengan nada que ver con las religiones y creencias tradicionales. De esta manera y paradójicamente, a la secularización tradicional, le precede por un lado, la sacralización de eventos socioculturales, y por otro el auge de movimientos filosófico religiosos de raíz oriental. La apatía social y la negación de las creencias tradicionales y del cristianismo histórico, deja un hueco que revela su importancia, pero que exige nuevas formas de culto. De esta manera nacen las modernas religiones de la música, el culto al cuerpo o el deporte. El Doctor Antonio Cruz, hablando de la música rock, dice: «Se caracteriza por el elevado grado de ritualismo que se origina en sus conciertos. En algunos momentos de estas actuaciones, el ceremonial, buscado y deseado tanto por los músicos como por los espectadores, llega a ser casi religioso… Los conciertos de rock son los cultos grupales de la postmodernidad en los que se sacralizan las propias relaciones sociales.»».

Pero, ¿qué nos dice la Palabra de Dios? «El temor del Señor es el principio del conocimiento: Los necios desprecian la sabiduría y la disciplina». (Proverbios 1:7). «El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio demuestran quienes cumplen sus preceptos…». (Salmos 111:10). Así que como cristianos, debemos resistir el torrente provocado por las fuertes lluvias y mantenernos nadando en contra de esa corriente, y avanzando por los caminos más angostos y difíciles. Porque aunque a nadie le gusta avanzar a través de ellos, son los más seguros y nos garantizan que nuestro esfuerzo valdrá la pena, cuando hayamos llegado a la menta y disfrutemos de la dulce victoria que permanecerá para siempre, nuestra salvación. Así lo planteó Jesús en el relato del evangelio de Mateo diciendo: «Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida y son pocos los que la encuentran». (Mateo 7:13-14).  En su carta a los Romanos, el apóstol Pablo también nos exhorta «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su  mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta». (Romanos 12:2). También el apóstol Pedro nos advierte «Por eso dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo. Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia.  Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «Sean santos, por que yo soy Santo»».  (1 Pedro 13-16). Por lo tanto, si vivimos centrados en la voluntad de Dios, podremos avanzar en medio del caos que nos asedia, disfrutando el paisaje y confiados en que Dios nos guiará y nos ayudará a llegar hasta la menta. Somos el cuerpo de Cristo y Él es la cabeza, por eso dijo a sus discípulos «Yo les he dicho estas cosas para en en mí hallen paz.  En el mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo». (Juan 16:33).

Eduardo Figueroa Aponte

La Gran Verdad…

bible-and-cross-clip-art_613720. [downloaded with 1stBrowser]Si no le damos la oportunidad a Dios de manifestarse en nuestras vidas por fe, jamás podremos experimentar las grandes cosas que Él ha dispuesto para los que en Él creen y le aman. Pero creer no es suficiente. Dios demanda de nosotros tomar una decisión. ¿Que cuál es? Reconocer y confesar (expresar, declarar) que Jesús es nuestro Señor y Salvador y entregarle nuestra vida en ofrenda y gratitud por su sacrificio en la cruz por nosotros. Tenemos que renunciar a nuestro YO, nuestra VOLUNTAD, nuestro LIBRE ALBEDRÍO y someternos al PLAN perfecto que Él diseñó para aquellos que le DEMUESTRAN su amor. La Biblia dice:

> «Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo.» (Romanos 10:10)

> «Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme.» (Mateo 16:24)

> «Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra vivienda en él. El que no me ama, no obedece mis palabras. Pero estas palabras que ustedes oyen no son mías sino del Padre, que me envió.» (Juan 14:23-24).

> «A los que me aman, les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer.» (Proverbios 8:17)

¿Que cuál es su PLAN? ¡Que vivamos junto a Él eternamente y para siempre! Pero para eso, es necesario que seamos transformados a su semejanza, pues Dios es (santo = separado) y requiere que nosotros vivamos en (santidad = separados). Nuestra vida en esta tierra es sólo la primera etapa, para que ensayemos los valores del Reino espiritual al cual seremos trasladados cuando la carne muera. No significa que estemos encerrados o aparte de los demás, sino que vivamos gozosos y en plenitud haciendo buenas obras, no según las intenciones y los modelos del hombre (mundano = carnal) sino, según las intenciones y los modelos del hombre (espiritual = Jesús/Dios). Esto sin importar que el mundo ande de cabeza, pues su Espíritu Santo nos guiará a toda verdad y toda justicia y Él ha prometido que no careceremos de ningún bien. Esto significa que Dios hará provisión de lo que sea necesario, no lo que se nos antoja (capricho).

Los estándares inalcanzables que el mundo impone como modelos, sólo provocan ansiedad y frustración en la gente común, pues sólo unos pocos llegan allí. Por eso la gente que alcanza todas sus metas en la vida, nunca están satisfechos del todo, pues nuestra satisfacción y plenitud no está completa si no invitamos a Dios a ocupar su trono en nuestro corazón y vivimos conforme a su voluntad que es agradable y perfecta. Ese lugar es suyo, pues Él nos creó y quiere vivir en nosotros, pero sólo tú y yo podemos decidir SACARLO de allí, y en su lugar ocupar ese espacio con cualquier otra cosa/ídolos (otros dioses, casa, carro, dinero, profesión, fama, sexualidad, etc.) entonces jugamos a ser dioses dueños y señores de nuestras vidas que rechazamos el amor del Todopoderoso. Luego tenemos la osadía de cuestionar su amor cuando comenzamos a sufrir las consecuencias de nuestras rebeldías, a pesar de las instrucciones que Él nos ha dejado para vivir en plenitud. Pero cuando decidimos hacer la voluntad de Dios, nos llenamos de gozo, alegría y plenitud en el corazón y somos tratados como hijos y coherederos del reino.  Digo esto no sólo porque conozca la teoría, sino que por la práctica puedo dar fe de que así es.

Nunca es tarde para entregarle tu vida a Jesús, te invito a hacerlo ahora mismo. La misericordia de Dios es tan grande que siempre está buscando oportunidades de tener un encuentro contigo para darte salvación y vida eterna, ESTA ES UNA DE ELLAS. Todo el desastre mundial que estamos viviendo está escrito en las profecías bíblicas, y anuncia que Cristo regresa muy pronto por su Iglesia, para librarle del tiempo de gran tribulación tras la aparición del Anticristo y su dominio sobre la tierra. Así que no esperes más, Él está esperando por ti con brazos abiertos y presto a escucharte. La Biblia dice: «Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.» (Proverbios 28:13). No importa cuán terrible hayas sido en la vida, ni cuánto daño hayas hecho, si buscas un lugar privado y te arrodillas, y reconoces tus pecados ante Él y te arrepientes de todo corazón entregándole el control de tu vida, todo el mal que hayas hecho será borrado, tu nombre será escrito en el Libro de la Vida Eterna, y comenzarás a ver cómo Dios transforma tu vida, haciendo milagros y prodigios como lo ha estado haciendo en la mía hasta que Cristo regrese por su Iglesia. Te aseguro que será la decisión más grande y acertada que habrás de tomar en toda tu vida y no te arrepentirás.

Por eso, Él envió un Salvador, JESUCRISTO, que por amor a nosotros murió y resucitó en sacrificio para pagar por nuestros pecados (malas desiciones). Así nos reconcilió con el Padre y se convirtió en el modelo a seguir como ser humano, en preparación para nuestra entrada en la vida eterna con Él. SÍ, JESÚS ES EL MODELO A SEGUIR… (NO SON LOS CRISTIANOS, NO SON LOS PASTORES, NO SON LAS IGLESIAS; QUE COMO HUMANOS Y PECADORES COMETEMOS MUCHOS ERRORES…) JESÚS ES EL MODELO A SEGUIR! Su sangre nos limpia de todo pecado mientras nos esforzamos por hacer la voluntad de Dios (sus mandamientos). No hay excusa, todos hacemos nuestro mejor esfuerzo por vivir como Dios manda, pero mientras vivamos en este mundo, presos de nuestra carne, todos fallaremos mucho hasta que Cristo venga y nuestros cuerpos carnales sean glorificados a su semejanza.

¿Y cómo DEMOSTRAMOS que amamos a Dios? Siendo obedientes a sus mandamientos, los cuales fueron dados para cuidarnos de nosotros mismos y las consecuencias de las malas desiciones que tomamos bajo nuestra naturaleza pecaminosa. Hay que dejar que Dios tome el control de nuestras vidas, Él hará cumplir su propósito en nosotros, el cual nos llevará a experimentar una vida plena. Nadie logra experimentar la verdadera plenitud de la vida, hasta que se encuentre viviendo dentro del propósito para el cual Dios lo creó. Su amor por ti y por mí como Padre, es razón suficiente para confiar que sabe lo que es mejor para nosotros, de modo que trazará el camino que nos llevará a alcanzar la verdadera vida, la VIDA ETERNA.

Eduardo Figueroa Aponte

No se trata de filosofía humana…

bible-and-cross-clip-art_613720. [downloaded with 1stBrowser]La fe cristiana no puede ser juzgada, criticada o invalidada por las interpretaciones teológicas que hacen los hombres, pues es mucho más que eso. La fe cristiana nació del evento histórico más trascendental de toda la historia de la humanidad hasta hoy, y fue profetizado muchos siglos antes de tener su cumplimiento, (La Muerte y Resurrección de Nuestro Salvador Jesucristo), que dividió la historia en antes y después de Él. La Biblia es clara y sencilla en su mensaje de Salvación. Pero todo aquel que no cree, se rehúsa a aceptar lo que Dios estableció como pecado (conducta adictiva que esclaviza y tiene consecuencias auto-destructivas de las que Dios siempre nos ha querido librar por amor a nosotros) usan toda clase de pretextos para justificar su pecado y seguir pecando deliberadamente, ignorando el grito de sus conciencias, que sin quererlo ellos, siempre les advierte de malas decisiones y sus consecuencias. Hablo por experiencia propia, pues aunque siempre creí, el pecado me mantuvo ciego.

Lo cierto es que el que siempre nos confronta con nuestra realidad de pecadores, aunque no lo queramos aceptar o reconocer, es el Espíritu Santo de Dios. Todo lo que Dios ha establecido como norma de fe y conducta es para nuestro beneficio, y no por capricho. A los que no les interesa ya Dios les ha advertido cuál será su destino. A los que creemos y aceptamos su mensaje de salvación, nos aferramos a sus promesas y procuramos obedecer sus mandamientos, demostrando así que le amamos, y experimentamos su fidelidad, pues siempre cumple lo que promete. Pero para vivir la experiencia y no sólo ver o escuchar el testimonio de otro, hay que creer “sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6), “la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

La Salvación nos es dada por fe, creyendo el mensaje con arrepentimiento y aceptando a Cristo, es así de simple. No se trata de lo que creemos porque lo hemos visto o lo que los científicos quieran “probar” especulando, pues ellos nunca han podido contestar las grandes preguntas de nuestra existencia y jamás lo harán, porque Dios es la Ciencia y nos ha dado a conocer lo necesario. Sólo con eso el hombre ha jugado a ser Dios, pero jamás lo será. La arqueología sigue validando lo que está escrito en la Biblia como historia, pues sus descubrimientos certifican lo que allí se escribió. En las profecías bíblicas, Dios nos ha dado a conocer lo que ha de suceder en los tiempos. Todo se ha estado cumpliendo y lo que falta por cumplirse llegará. No hay ninguno fiel y verdadero como Él.

Nada de lo que pensamos o creemos por interpretación propia de las Escrituras nos sirve, pues todo eso está basado en nuestras especulaciones. Lo que Dios quiso revelarnos ya está escrito y de forma literal en la Biblia, está en nosotros creerle o no. Nadie tiene por qué poner en tela de juicio lo que creemos, no sólo por fe a lo que dice la Biblia, sino por la experiencia de chocar con la presencia poderosa de Dios, que transformó mi vida cuando le entregué mi corazón humillado y decidido a apartarme del pecado, para vivir en intimidad con Él y participar del cumplimiento de sus promesas. Jamás he vivido experiencia más extraordinaria que sentirme perdonado, amado, cuidado, limpio y libre del pecado que me mantuvo preso y esclavizado, mientras vivía de espaldas a Dios. La sangre de aquel que murió por mí y por ti, Jesucristo, me limpió y me salvó para la vida eterna. Así como lo hizo en mí, también está buscando la manera de hacerlo en ti. “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón” (Hebreos 4:7).

Eduardo Figueroa Aponte